lunes, octubre 26, 2020
¿Cómo convivir con la incertidumbre ante la amenaza de la COVID-19?

La pandemia de la COVID-19 nos ha mostrado por enésima vez la fragilidad de la salud en las personas mayores

Entender lo que ocurre con las emociones ante una amenaza inminente, como lo ha sido la pandemia a causa de la COVID-19, puede parecer complicado, pero es posible. Su mecanismo básico es bastante simple, aunque sus manifestaciones son variadas, como ya vimos. La incertidumbre, en grado diverso, es lo que las impulsa.

Conocer un lugar, digamos, la casa en que vivimos; saber con claridad lo que ocurre en nuestro entorno y lo que cabe esperar que ocurra produce tranquilidad, atempera el miedo y permite enfrentar mejor la adversidad. La certeza relaja, calma y es fuente de placer. Lo contrario: lo raro, lo que no entendemos, y en general lo desconocido, produce una tensión que puede aumentar hasta convertirse en miedo.

Todos los seres vivos luchamos por la existencia permanente. Es un impulso irrefrenable; se le ha llamado instinto de conservación, cualquier cosa que la amenace pone en marcha el sistema de alarma, el miedo, que enciende los motores para mantenernos vivos a cualquier costo. Los humanos, usando imaginación y capacidad de abstracción, ponemos en duda todo, hasta la existencia. Ya que no somos tan fuertes, imaginamos las posibles amenazas para enfrentarlas.

AQUÍ Y AHORA

La familiaridad con el entorno produce tranquilidad, y aun cuando no haya certeza absoluta nos relaja y permite el sosiego. Ejemplo: el Sol aparece todos los días, aunque esté nublado sabemos que se oculta tras las nubes. Podemos ir a dormir tranquilos cuando anochece, pues pensamos que al siguiente día ahí estará. ¡Qué tranquilidad! La experiencia de verlo sin falta todos los días deja la impresión de que no puede fallar, siempre estará ahí. Eso es la familiaridad. Lo cambiante, lo inconsistente, siembra duda y la duda genera alarma o tensión, esta última lleva a la curiosidad, de la curiosidad pasamos a la observación y a la búsqueda de familiaridad a través del conocimiento.

Sobrevivir es lo más importante. Para ello comer es indispensable. Tener comida con la constancia que tiene el Sol nos daría gran tranquilidad. Tampoco tenemos certeza de contar siempre con ella, pero a veces da la impresión de que invariablemente estará a la mano. Lo mismo podemos decir de la salud, cuesta imaginar que podemos perderla aunque sabemos que con la edad esto ocurrirá.

Pero la gente joven también se enferma y puede morir. Así, el tiempo juega un papel importante en las reacciones emocionales. Tanto el peligro como el placer las detonan, pero su intensidad está ligada al tiempo. El joven puede saber que la muerte es segura, pero parece tan lejana en el tiempo que le tiene sin cuidado; así puede emprender acciones que representan peligro, e incluso retar a la muerte, como quien camina por la cornisa de un edificio alto o el que se niega a atender la recomendación de aislamiento durante la pandemia.

El impulso de procurarse el placer aquí y ahora le gana a cualquier expectativa futura y explica la gran tendencia al abuso de alcohol, drogas psicotrópicas y otros fármacos: producen placer de manera inmediata. Liberarse del yugo que significa la adicción y evitar las graves consecuencias que esta tiene para la salud es muy difícil, ya que representa beneficios lejanos comparados con lo inmediato del placer que se obtiene.

LA ESPERANZA

Es muy atractivo pensar en las excepciones, pues indican que hay alguna posibilidad de evitar lo peor. Es la esperanza. Proporciona energía y redobla el esfuerzo para salir del peligro, agudiza el ingenio (hay que ver la variedad de cubrebocas y escafandras que la inventiva popular ha creado) para encontrar la rendija de escape. Pero sin una base sólida la esperanza puede ser una trampa mortal. También es ambigua, puede inducir a bajar la guardia y entregarse al peligro sin advertirlo.

La incertidumbre es pues inherente a la vida, no se puede eliminar. Saberlo nos permite lidiar con ella para vivir, lo que se pueda, de la mejor manera. El conocimiento es nuestra mejor herramienta para superar la adversidad de hoy ante la pandemia y mitigar la del futuro.

Fuente: UNAM

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