domingo, agosto 7, 2022
Ética en el uso de la Inteligencia Artificial (IA)

La Inteligencia Artificial es una combinación de algoritmos desarrollados con el propósito de diseñar máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano.

Laura Águila Franco                                                                   

@laura_aguila

La Inteligencia Artificial (IA), ha dejado de ser aquello que solamente veíamos en la  ciencia ficción, y en los últimos tiempos ha logrado infiltrarse en nuestra vida cotidiana en diferentes ámbitos, como salud, finanzas, transporte, educación, entre otros.

La Inteligencia Artificial es una combinación de algoritmos desarrollados con el propósito de diseñar máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano, Stuart Russell (profesor de ciencias de la computación en la Universidad de California en Berkeley y profesor adjunto de cirugía neurológica en la Universidad de California) y Peter Norvig (científico informático estadounidense y director de investigación de Google Inc.) señalan que hay varios tipos de inteligencia artificial, los sistemas que piensan como humanos, que automatizan acciones como tomar decisiones, resolución de problemas y aspectos de aprendizaje, y que se conocen como redes neuronales artificiales. Los sistemas que actúan como humanos, y son computadoras que llegan a realizar tareas de forma similar a como lo hacen las personas, y las conocemos como robots. Los sistemas que piensan racionalmente, intentando imitar el pensamiento lógico racional de los humanos, y se conocen como sistemas expertos, y también los sistemas que actúan racionalmente y que tratan de imitar de manera racional el comportamiento humano, son los llamados agentes inteligentes.

La acelerada inserción de la inteligencia artificial y la robótica en la sociedad, ha dejado de manifiesto la necesidad de crear una normatividad para regular su uso y empleo, con mira a evitar posibles problemas en un futuro próximo. De este modo, el Parlamento Europeo propuso seis leyes para normar la robótica: 1) Los robots deberán contar con un interruptor de emergencia para evitar cualquier situación de peligro; 2) No podrán hacer daño a los humanos, pues la robótica debe estar concebida para ayudar y proteger a las personas; 3) no podrán generarse relaciones emocionales; 4) será obligatoria la contratación de un seguro destinado a las máquinas de mayor  dimensión y funciones; 5) sus derechos y obligaciones serán clasificados legalmente; 6) las máquinas tributarán a la seguridad social, ya que la entrada de las máquinas al mercado laboral impactará sobre la mano de obra de las empresas, los robots deberán pagar impuestos para subvencionar las ayudas a los desempleados.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), diseñó el “Proyecto de recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial”, cuya finalidad se centra en “afrontar de manera responsable los efectos conocidos y desconocidos de la inteligencia artificial en los seres humanos, las sociedades, el medio ambiente y los ecosistemas”. Dicho documento se difunde como la “Declaración Universal de la Inteligencia Artificial”.

Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO,  argumenta que “este texto establece por primera vez un marco normativo mundial para el uso de la inteligencia artificial. Se basa para ello en tres pilares: el respeto de los derechos humanos, el Estado de Derecho y la lucha contra la discriminación”. El mencionado documento está considerado como un “texto histórico” y se perfila sea una referencia a nivel global para el desarrollo y uso ético de estas herramientas tecnológicas, recordando que en este contexto ya se cuenta con el soporte de otras guías que han sido desarrolladas en diferentes momentos por entidades como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y propuestas como la Carta de Derechos Digitales, misma que fue adoptada por el gobierno Español el 14 de julio pasado.

Es importante resaltar que los países miembros a la UNESCO necesitan iniciar ya  considerar las medidas pertinentes para aplicar este marco ético, lo que implicará informar a la UNESCO acerca de los progresos que vayan alcanzando en este rubro, para que los resultados que arroje cada país sean analizados.

Esta Declaración Universal  de la Inteligencia Artificial incluye los principios básicos que competen al desarrollo de tecnologías que han sido fuertemente cuestionadas, como por ejemplo los sistemas de reconocimiento facial, ya que el argumento es que estos sistemas deberían evitar ser utilizados con fines de “vigilancia masiva”. Gabriela Ramos, quien es la Subdirectora General de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO, aclara en un comunicado que si bien no se hace un señalamiento categórico a los drones de uso militar, ni al armamento autónomo letal, la recomendación si señala puntualmente normativas de que “las decisiones de vida o muerte no deben ser tomadas por sistemas de inteligencia artificial”, y deja muy claro que “la última palabra debe ser humana”.

Un punto por demás relevante incluido en esta Declaración, es el que se refiere a la protección de la privacidad de todas aquellas personas que utilizan la Inteligencia Artificial (IA), recomendándose favorecer un entorno mayormente inclusivo y responsable al desarrollar estas tecnologías, cuidando también reducir el impacto ambiental y huella ecológica que provocan estos sistemas, ya que con base en un estudio que publicó la revista Nature, se observa que “entrenar” un algoritmo de inteligencia artificial puede llegar a producir cerca de 300,000 kilos de dióxido de carbono, que es el equivalente a 125 vuelos de ida y vuelta entre las ciudades de Nueva York y Pekín.

En la elaboración y redacción de este importante documento, que  inició  a principios del año 2020 destaca la participación de grupos de trabajo conformados por expertos en el área, como son los representantes de Google, Facebook, Microsoft, las Universidades de Stanford y Nueva York,  así como la Academia China de Ciencia y Tecnología. En septiembre de 2020, se presentó un primer borrador y se realizaron los esfuerzos para que los países miembros de la UNESCO participaran presentando sus comentarios y observaciones sobre el texto, que continuó revisándose  hasta llegar a conformar el documento definitivo.

Finalmente, esta Declaración Universal  de la Inteligencia Artificial, precisa que los gobiernos den importancia a educar a sus ciudadanos sobre los derechos digitales que se quieren proteger, ya que en palabras de Gabriela Ramos “al educar a una nueva generación de consumidores digitales sobre sus derechos y con las habilidades de pensamiento crítico que necesitan para navegar en el ámbito digital, los capacitaremos para que tengan en cuenta la gran tecnología y exigimos que la IA se desarrolle de esta manera humana y moral ”.

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