Escuchar música, observar una obra artística o leer activan regiones del sistema nervioso central que generan alegría.

La alegría es cuestión de empatía, de ser sensibles ante lo que le ocurre al otro, pero también tiene que ver con el placer, afirmó Hugo Sánchez, académico de la Facultad de Psicología (FP).

Ese sentimiento no es sinónimo de felicidad, pues esta última se relaciona con las expectativas que tenemos en la vida y está determinada por el bienestar, la satisfacción de nuestras necesidades primarias, y eso nos lleva a una sensación de esperanza en el futuro. “La actividad de la corteza prefrontal en el cerebro nos permite tener certidumbre en lo que hacemos”.

En cambio, la alegría es a corto plazo, está conformada por pequeños episodios de una sensación que nos hace sentir bien, dijo.

Este sentimiento también tiene que ver con la activación de sistemas vinculados con el placer. Lo anterior nos lleva a comprender por qué al escuchar música tenemos la sensación de estar contentos.

En ese proceso no sólo se activan regiones del hemisferio derecho del cerebro, relacionadas con la entonación y el ritmo, sino que también se liberan neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que ayudan a la modulación emocional y permiten tener esa sensación momentánea de bienestar.

“Las artes son lo más engarzado con esa emoción; su apreciación lleva a la neurobiología de la estética o a la percepción de lo bello: observar una pintura, una escultura, o incluso leer, activan diferentes regiones del sistema nervioso central que nos pueden generar alegría. Pero todo eso son conceptos que apenas estamos estudiando.”

Además, tener actividades lúdicas posibilita hacer a un lado la monotonía; establecer ciertos momentos de esparcimiento, en los cuales la atención no se centra en los problemas; ayuda a que aparezcan “chispazos” alegres que a largo plazo conforman la felicidad.

También puede ser resultado de situaciones que no son necesariamente felices; por ejemplo, “quienes tienen un familiar en etapa terminal y fallece después de haber sufrido mucho puede dar una sensación de alegría, aunque sea un evento triste, pues permite asumir que ya no sentirá dolor; aquí entra la empatía”.

Neuronas espejo

Hugo Sánchez explicó que la empatía se relaciona con una parte emocional que se desarrolla en las llamadas neuronas espejo, que literalmente nos ayudan a “ponernos en los zapatos del otro”, a decodificar su expresión facial, su estructura postural y activar diferentes regiones del cerebro a nivel lingüístico, lo que posibilita interpretar de manera adecuada su emoción. Eso nos lleva a establecer una relación emocional y saber lo que le pasa a la otra persona”.

“Entonces, es posible que se presente cuando un niño está enfermo, pues cambia su talante, pierde el brillo de sus ojos, la vivacidad, y eso nos entristece porque nos ponemos en su lugar y entendemos que sufre, pero cuando mejora nos alegramos.”

La alegría, remarcó Hugo Sánchez, puede ser resultado de emociones complejas. La ansiedad la podemos sentir cuando tenemos un nuevo trabajo, pero también es posible estar alegres cuando renunciamos a un puesto donde ganamos mucho dinero, pero nos presionan, el ambiente es incómodo y no nos aprecian por lo que somos.

Aunque no hay una fórmula para estar alegres, sí es posible ser más empáticos como resultado de un proceso terapéutico. Para disfrutar de las actividades cotidianas y evitar caer en situaciones patológicas que nos deterioran emocionalmente, a veces necesitamos la guía de un profesional de la salud mental, aclaró el experto.

La alegría, finalizó, es buena para la salud, pero también lo es transitar por el resto de los estados emocionales.

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