Millones de personas han cruzado los límites territoriales desde el siglo pasado.

Ante la situación migratoria actual, México se ha visto en la necesidad de controlar más sus fronteras y se ha comprometido a restringir el acceso tanto hacia su territorio como a Estados Unidos; sin embargo, este fenómeno no es algo nuevo ya que por ambos límites territoriales han cruzado millones de migrantes desde el siglo pasado, y ni el muro fronterizo ni una mayor vigilancia en el sureste mexicano podrán disminuir este flujo, afirmaron académicos de la UNAM.

En opinión de Eduardo Rosales, profesor de posgrado de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, el país tiene una frontera sur sumamente permeable, que ha sido un foco de tensiones con los gobiernos de las naciones del Triángulo del Norte, especialmente con Estados Unidos.

Al llegar Donald Trump a la presidencia, explicó, hizo diversas promesas que en su mayoría ha cumplido; no obstante, aún queda una pendiente, y es el control de los migrantes y los intentos que ha emprendido han fracasado, como la política “tolerancia cero” o el cierre parcial de algunas entidades gubernamentales, sin pagar a los empleados, para presionar al Congreso y así conseguir presupuesto para la construcción del muro.

A su vez, México, incluso antes de la llegada del actual mandatario, ha cedido de diversas maneras a las presiones estadunidenses. Hoy en día se enfrenta a la amenaza de imponerle aranceles si no detiene los flujos de indocumentados; por eso, vemos el despliegue de la Guardia Nacional en las fronteras, pues derivado de las acciones que emprenda se decidirá si se convierte en el tercer país seguro, detalló.

Hasta el momento, Washington no se ha comprometido a nada en cuanto a apoyar los gastos que generen esos operativos. El Instituto Nacional de Migración está absolutamente rebasado y, ante esta situación, nuestra nación requeriría una especie de secretaría de fronteras o de migración y construir una política de Estado de largo plazo que incluya una serie de estrategias de contención y vigilancia.

De ese modo habría una comunicación abierta y fluida entre México y Estados Unidos y no nos veríamos, como ahora, en la necesidad de adoptar una relación de sumisión u obsecuente, para evitar la imposición de aranceles y lograr suscribir el Acuerdo del Tercer País Seguro, resaltó.

Sin embargo, debe quedar claro que la migración no se detendrá definitivamente mientras haya pobreza, marginación, desempleo, criminalidad e inseguridad en los países expulsores de personas. “Ellos son seres humanos desplazados por el modelo económico y político imperante en sus naciones. No salen porque quieren o se les ocurre, sino porque se ven orillados por todas estas circunstancias para tratar de conseguir un mejor nivel de vida”, enfatizó.

Porosa y peligrosa

Por su parte, Martín Íñiguez, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, consideró: “La frontera sur es porosa, peligrosa y por más Guardia Nacional que pongamos será muy difícil controlar el flujo migratorio. Tenemos más de mil 150 kilómetros fronterizos entre Guatemala y Belice, y el punto por donde normalmente entra la gente es Chiapas. Lo más probable es que ahora se desplace hacia Tabasco u otros sitios más peligrosos, pero se seguirá pasando y esa es la realidad, pues se estima que al año cruzan más de dos millones de personas en este límite”.

En cambio, en la frontera norte, los controles migratorios son más estrictos. Tiene tres mil 152 kilómetros y todos los días cruzan más de un millón de personas, entre legales e ilegales, apuntó.

De forma que la gente seguirá cruzando como indocumentada; y al establecer mayor vigilancia en las fronteras lo único que se hace es un favor al crimen organizado, porque el costo de los cruces se disparará, habrá más tráfico de personas, mayor número de casos de trata de mujeres y niños. Visto así, lo peligroso será que se queden en medio de ambas problemáticas fronterizas, advirtió.

Para dar respuesta a este fenómeno México, en parte, debe seguir acercándose a los organismos internacionales y llevar programas de desarrollo a los lugares de origen de los migrantes, pero en el entendido de que esto no se resolverá de la noche a la mañana. Será un proceso largo y complicado durante el cual recibiremos migrantes en nuestro territorio porque no tienen más opciones para mejorar su actual calidad de vida, finalizó.

 

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