viernes, octubre 23, 2020
La otra pandemia

El estado de México sin relleno sanitario para el tratamiento final de cubrebocas y demás equipo de protección.

Dos elementos de protección se han vuelto indispensables en la cotidianidad de miles de personas. Guantes y cubrebocas desechables de todo tipo y tamaño ya son parte de nuestro atuendo e incluso, son comunes los puestos de cubrebocas junto al vendedor de papas y dulces, afuera de los supermercados y hasta los “viene viene” venden desde los más económicos y desechables de 10 pesos, hasta aquellos que, aseguran, son de latex y lavables en 20 y 30 pesos cada uno.

Si una persona está contagiada del nuevo coronavirus y no porta cubrebocas, al hablar, toser o estornudar expulsa gran cantidad de minúsculas gotas que se quedan flotando en el aire y forman una especie de aerosol, que constituye la principal vía de infección del COVID-19 y otros virus, aseguró el doctor Fernando del Río Haza, Profesor Emérito de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

“Esas gotitas, cuyos tamaños suelen ser menores a una milésima de micra, pueden dispararse hasta seis metros y se han vuelto un enemigo invisible en la actual ola de contagios”, explicó el investigador.

Incluso la Organización Mundial de la Salud ha recomendado su uso para cualquier tipo de enfermedades respiratorias y la efectividad del cubrebocas es de dos a tres horas; luego de ese tiempo es necesario desecharlo o bien lavarlo inmediatamente, si es que es reciclable.

¿EN DÓNDE TERMINAN LOS CUBREBOCAS?

La pregunta ahora es qué hacer con los desechos de cubrebocas, guantes de látex, caretas de acetato, botellas de gel antibacterial, tapetes sanitizatnes y miles de aerosoles desinfectantes que nos ayudan a protegernos de contraer coronavirus.

En el caso del estado de México, el 29 de abril de este año, el gobierno estatal emitió un protocolo para el manejo de residuos normales, es decir, los sólidos urbanos que consiste en separar los residuos en orgánicos e inorgánicos, como lo indica la normatividad agregando una clasificación adicional que se denomina residuos sanitarios.

Los residuos que entran en esta última categoría son los pañales, cepillos de dientes, toallas sanitarias, chicles, papel higiénico, toallitas húmedas, pañuelos desechables, bastoncillos de algodón (cotonetes), cubrebocas o mascarillas, guantes desechables y colillas de cigarros, entre otros.

Éstos deben ser embolsados por separado y marcados como no reciclables; lo anterior para evitar contagios si es que hubiese presencia de virus COVID-19 en dichos desechos.

Además de este protocolo, se ha difundido también la Cartilla de Manejo de “Residuos COVID” elaborada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Secretaría de Salud federal, la cual debe aplicarse cuando existe una persona enferma en el hogar, y consiste en separar el residuo sanitario colocándolo en doble envoltura, marcarlo como residuo COVID-19 y tener una solución de cloro y agua para rociar las bolsas.

Hasta aquí el boletín del gobierno estatal pareciera resultar congruente con el tratamiento de los desechos infecciosos, pero el problema es cuando se indica su traslado a los supuestos 17 rellenos sanitarios de la entidad, toda vez que de acuerdo Luis Eduardo de Ávila Rueda, ingeniero experto en la habilitación de rellenos sanitarios de cuarta generación, en el estado de México no existe por el momento ningún relleno sanitario que cumpla con lo que dicta la Ley General para la Prevención y Control de Residuos, pues “el que funcionaba en Tlalnepantla se volvió tiradero”.

Además, es cada vez común encontrarse en vertederos, zanjas, cunetas de carreteras, ríos, banquetas e incluso arbustos decenas de cubrebocas tiradas que demuestran la inconsciencia del riesgo que esto genera.

RETROCESO EN EL MANEJO DE LOS DESECHOS

La doctora Nancy Jiménez Martínez, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, explicó que la emergencia sanitaria generó un conflicto entre el manejo de residuos peligrosos (como los biológico-infecciosos) y los residuos sólidos urbanos, pues no hay depósitos especiales para los desechos con riesgo de contagio que se generan en los domicilios.

La pandemia, dijo, va a tener un impacto negativo en la lucha que ya se había emprendido contra los plásticos de un solo uso”, advierte la investigadora que forma parte del proyecto “Basura Cero”, pues se ha visto un incremento en el uso de agua embotella, cubre bocas, mascarillas, guantes y toallitas desinfectantes desechables.

Entonces, si tomamos en cuenta que somos 125 millones de personas en el país y que todos debemos usar al menos un cubrebocas al día para nuestras actividades, sin tomar en cuenta que un médico que labora en áreas Covid-19 puede requerir hasta 16 cambios de guantes, cuatro batas, cuatro cubrebocas desechables, una mascarilla N-95 y cubrebotas, cuántos desechos estamos produciendo y qué gran problema estamos generando cuando sabemos que muchos de los residuos terminan en ríos y mares.

LAS PRIMERAS ADVERTENCIAS 

-En la Ciudad de México, la Secretaría de Obras y Servicios (Sobse) informó que antes de la pandemia se recolectaban unas 15 toneladas diarias de este tipo de residuos, pero en abril la cifra alcanzó 30 toneladas y en mayo más de 20 toneladas al día.

-Autoridades sanitarias de Estados Unidos han tenido múltiples reportes de obstrucción de sus estaciones de bombeo de aguas pluviales debido al acumulamiento de guantes de látex y máscaras faciales, que según creen, muchas personas están tirando a los inodoros.

-El grupo francés de conservación de los océanos Opération Mer Propre que documenta regularmente sus operaciones de limpieza de los océanos en redes sociales, ha informado que ve notablemente más piezas de Equipo de Protección Personal (EPP) en el mar Mediterráneo.

-El equipo de OceanAsia reportó numerosas mascarillas y guantes encontrados en las playas del archipiélago de Soko, situado entre Hong Kong y Latau.

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