viernes, febrero 21, 2020

Dotar de herramientas técnico-políticas a quienes toman decisiones y a la población es uno de los mayores retos, recordemos que las políticas públicas son hipótesis implementadas en contextos específicos y complejos.

Por: Juan Carlos Galindo Olivares

(Servidor Público de formación en Políticas Públicas y Miembro de la Academia Nacional de Evaluadores de México, A.C. (ACEVAL) y Evaluador Joven y/o Emergente de EvalYouth). 

La gestión pública ha estado relacionada con la eficiencia y eficacia en el uso de los recursos económicos y humanos focalizado a las acciones de gobierno, garantizando un mayor éxito en sus acciones, como si se tratara de un sistema empresarial de mejora continua y en efecto, ya que la administración pública y los dogmas de la administración privada han penetrado en el actuar del gobierno, es que los problemas cada vez se han ido aumentando, debido a que la definición de los problemas públicos está en función de la oferta de bienes y servicios que puede ofrecer una instancia gubernamental, lo que implico que el órgano administrativo del Estado migrara a la gestión pública basada en resultados, cumpliendo con meras acciones programáticas, más que con acciones tendientes a mejorar la calidad de vida de las personas.

Lo que busca la gestión pública es agilizar los trámites y servicios, superando las viejas prácticas de la noción burocrática, que fue uno de los pilares de la modernización del Estado y que se materializa en las Coordinaciones de Mejora Regulatoria, quienes buscan optimizar el tiempo y los recursos en tanto tengan el perfil, de no ser así lo reducen a meras cuestiones administrativas que confirman la ausencia de modernizar y culminan asfixiando los procesos internos, en donde para agilizar o mejorar un trámite o servicio se pasa por un filtro que dictamina la viabilidad de hacerlo o no, sin partir necesariamente de un problema público concreto y reduciéndolo a meras cuestiones procedimentales, a menudo de carácter interno administrativo.

Los modelos gerenciales en los que ahora se toman decisiones -tomando en cuenta que se así sea y no se encuentren encasillados y en proceso de su pseudomodernización- han sesgado o tergiversado bajo cuestiones discursivas lo que es hacer políticas públicas sin necesariamente conocer en qué consisten y como se articulan, cabe decir que la política pública no debe estar en función de la gestión pública, más bien tiene que ser al contrario, lo que permitiría que los servidores públicos en primera ahondaran en qué consiste, se profesionalicen y armonicen sus acciones de sus programas anuales con base en el Fin de sus matrices de Marco Lógico (puesto en términos de problema público, o sea de ausencia o déficit, más que de servicios), esto permitía abrir la visión y poder transitar a modelos transversales o de políticas con enfoque de derechos humanos o de perspectiva de género, sólo entones podríamos hablar de modernización de la administración que en el ámbito municipal opera de manera muy paliativa y poco trascendental en términos de reducción de desigualdades y ataque a la pobreza.

Dotar de herramientas técnico-políticas a quienes toman decisiones y a la población es uno de los mayores retos, recordemos que las políticas públicas son hipótesis implementadas en contextos específicos y complejos, donde están relacionados diversos actores con asimetrías de poderes, el poder es invisible y se ejerce, y no necesariamente esta inmerso en los mecanismos institucionalizados de toma de decisiones, de ahí la necesidad de dotar a quienes si están inmersos a modo de crear contrapesos y esto no nos lleva al discurso masificado que ha traído consigo el movimiento feminista que es la de empoderamiento, noción acuñada a Foucault cuando aborda la cuestión de resistencia al poder e incluso lo llevan a aspectos de la literatura griega cuando retoman a Antígona como símbolo de resistencia a la autoridad.

No hablemos ya de la complejidad que trae consigo la formulación, diseño, implementación seguimiento y evaluación de las políticas pública, centrémonos en los problemas internos que trae consigo gobernar que ya en sí es un problema, cómo articular las relaciones intergubernamentales, cómo pensar en modelos de cooperación, luego entonces, pensemos en los distintos instrumentos metodológicos que nos posibilitan tomar decisiones con base en evidencia, hay muchos vacíos institucionales que no pueden resolverse al corto plazo, como es la recabación de información y su actualización, identificación de población vulnerable, creación de perfiles para las áreas y superación de los modelos de compadrazgo para ocupar algún cargo público, etc.

En esta tesitura, no deben de usarse discriminadamente los términos por andar en boga, más bien la gran tarea de quienes se dedican al servicio público en un primer momento es que tendrían que hablar el mismo lenguaje, desde los mandos altos hasta el personal operativo, no es posible que el personal operativo interprete las decisiones de las autoridades que diseñan, si a menudo están mal diseñadas, qué se espera de su implementación, la cual es un proceso de ensamblaje, la acción gubernamental no esta exenta de las intersubjetividades y por ende, de los intereses de unos cuantos, que al no ser consultados o bien, por no compartir prioridades, tergiversan y mal informan sobre los efectos que traerá consigo la acciones gubernamentales.

En síntesis, en tanto no se haga uso de las políticas públicas más allá del discurso, las problemáticas que enfrenta cada localidad, comunidad, municipio o estado, no podrán resolverse, en tanto no se piense más allá de la gestión pública y se opte por modelos participativos en el ciclo de políticas, será imposible visibilizar su papel central en la construcción de una sociedad más justa y igualitaria en términos de acceso a sus derechos fundamentales, que es el telos de la política social.

 

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