martes, noviembre 12, 2019

Contribuyen a evitar la erosión, capturan y almacenan dióxido de carbono, proporcionan servicios ambientales, alimento, sombra y refugio.

Los árboles proporcionan servicios ambientales como la captación de agua y producción de oxígeno; contribuyen a evitar la erosión del suelo y a disminuir los escurrimientos e inundaciones; capturan y almacenan dióxido de carbono (CO2), con lo que coadyuvan a mitigar el cambio climático; también procuran alimento. Son fundamentales para la vida en el planeta, de ahí la importancia de proteger las superficies arboladas.

México tiene una superficie total de 195 millones de hectáreas, de las cuales los bosques (templados y tropicales) ocupan 65.7 millones (33.6 por ciento del total), con una alta biodiversidad y especies maderables valiosas.

Los árboles son parte de la arquitectura de las comunidades: muchas especies que no son arbóreas requieren de su sombra para crecer, y sirven de hogar y refugio para diversos animales. “Si son talados, no sólo se mata al árbol, sino también a muchos seres vivos que lo necesitan porque les provee de un microclima adecuado para su desarrollo”, advirtió Jorge Nieto Sotelo, investigador del Instituto de Biología (IB).

Bosques de todo tipo

El universitario comentó que los árboles, sobre todo los de talla grande, son esenciales en todos los ecosistemas naturales donde hay bosques: templados, tropicales, perennes o caducifolios, entre otros.

“En México tenemos bosques de todo tipo. Un estudio publicado en 2014 por José Luis Villaseñor, del Departamento de Botánica del IB, a partir de bases de datos y herbarios que contienen información de todas las plantas de la nación, determinó que hay al menos 23 mil 500 especies vegetales, de las cuales aproximadamente cuatro mil 200 son arbóreas. En el planeta, al menos la tercera parte de las especies vegetales son árboles”, precisó.

En nuestro territorio, el ecosistema de mayor diversidad es el de bosques templados. El Valle de México es una de las zonas urbanas más grandes del mundo, y está enclavada en uno de los ecosistemas más diversos del país, “hecho del que ni el ciudadano común ni los mismos biólogos se han percatado”.

A pesar de su relevancia, la tala indiscriminada de árboles es un proceso que pasa todos los días en México, incluso en los lugares más remotos del campo. “Es una destrucción continua de la superficie forestal en entidades que poseen una gran riqueza natural”, dijo Nieto Sotelo.

Los bosques mesófilos de montaña o de niebla son los que disminuyen a mayor velocidad por la deforestación. En comparación con las áreas boscosas de ese tipo que había hace cien años, hoy en día se registra menos de 10 por ciento. “De seguir con ese ritmo, en una década no habrá árboles como encinos y pinos, o helechos arborescentes”, señaló el especialista en biología molecular y genética de plantas.

Lo mismo pasa con las selvas. Se estima que en Chiapas sólo queda entre 15 y 20 por ciento de la cobertura natural, el resto son ranchos ganaderos o cafetales; en tanto, en Tlaxcala únicamente queda 15 por ciento de la vegetación nativa, mal protegida y con muchos daños.

Reforestación inteligente

Reforestar no es lo mismo que restaurar, esto último implica estudiar las especies que había en determinado lugar para tratar de devolverlas, mientras que la reforestación muchas veces es la sustitución de especies nativas por otras exóticas; es decir, no es una herramienta de conservación integral.

Todos los árboles son útiles, incluso los exóticos, pero debe fomentarse la regeneración de los que son propios del territorio para que los ecosistemas no se alteren, aconsejó Nieto Sotelo.

“Cuando se siembran árboles en centros urbanos, por costumbre se hace bajo una idea meramente estética o por capricho, sin saber su procedencia, lo que ocasiona mayor presión al lugar para mantenerlo vivo, y con ello se rompe el equilibrio ecológico.”

Un ejemplo fue la siembra de eucaliptos a principios del siglo XX, y posteriormente de jacarandas. “Aunque se hizo de manera bien intencionada, estas especies no son nativas; algunas ya se volvieron invasivas y empezaron a sustituir a las nativas, sobre todo en bosques naturales, lo que empobrece los ecosistemas”.

En ciudades mexicanas, el promedio de especies vegetales exóticas en parques públicos es cercano a 75 por ciento; es decir, sólo 25 por ciento son nativas, el resto pertenece a otras regiones de América, Asia, África y Oceanía. “No hay nada contra ellas, el problema es que su uso impone otro tipo de cuidados e impactos por su relación con las demás plantas, animales y microorganismos del suelo que habitan”.

El universitario pidió ser más conscientes y plantar sólo variedades nativas, “empezar a conocer la belleza propia de nuestra naturaleza. En la nación hay más de cuatro mil especies arbóreas diferentes, qué necesidad tenemos de traer otras de lugares lejanos”, preguntó.

Los árboles nativos, finalizó, no requieren cuidados especiales, incluso las hierbas epífitas o terrestres asociadas a ellos están adaptadas al clima del lugar, y cuando llueve aprovechan al agua; en tiempo de sequía recurren a la humedad del suelo, el rocío y el viento. Aportan más servicios ecosistémicos

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