sábado, octubre 16, 2021
Sobrepeso y obesidad infantil, triste panorama en México

México, con base en datos de UNICEF, ocupa el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil y desde 2016, es el país con el mayor consumo de bebidas procesadas y azucaradas en América Latina.

Por Laura Águila Franco                                                           

@laura_aguila

Una definición técnica de sobrepeso y obesidad indica que son una acumulación anómala o excesiva de grasa, y que puede ser dañina para la salud. El origen principal para tener sobrepeso y obesidad radica en una carencia de equilibrio energético entre el número de calorías consumidas y el número de calorías gastadas, y esta condición se ha visto favorecida en la población por: un incremento en el consumo de alimentos con un alto contenido calórico, ricos en grasa, y en contra parte, una muy limitada actividad física por el sedentarismo que provoca el ritmo y estilo de vida actuales.

Es bien sabido que el índice de masa corporal (IMC), constituye un indicador entre el peso y la talla de las personas, y se utiliza con mucha frecuencia para determinar el sobrepeso y la obesidad en adultos, en el caso de los niños, es absolutamente necesario considerar la edad en el momento de definir si se tiene sobrepeso u obesidad.

En el caso de México, con base en datos de UNICEF, lamentablemente ocupamos el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil, y desde 2016 este organismo advirtió que ya éramos considerados el país con el mayor consumo de bebidas procesadas y azucaradas en América Latina, así como de productos ultra procesados, advirtiendo que la obesidad infantil representaba una emergencia de salud pública, necesitándose realizar cambios inmediatos, debido a que afecta directamente el crecimiento y desarrollo de los niños, y en ese mismo año, en México se declaró una alerta epidemiológica, debido a las altas tasas de obesidad y diabetes registradas en la población infantil.

Ante este panorama, UNICEF fue tajante al establecer lo siguiente: “Fortalecer al sistema de etiquetado frontal de alimentos y bebidas ultraprocesados con nuevos elementos complementarios (eliminar caricaturas, mascotas y leyendas sobre supuestos  beneficios nutrimentales y agregar una declaración sobre azúcares añadidos)  a partir de abril orientará mejor los procesos de consumo y alimentación de las niñas, los niños y adolescentes en México” (30 de marzo de 2021), razón por la cual el Gobierno mexicano comenzó a etiquetar  los productos, con información de “exceso de calorías”, “exceso de azúcares”,  “exceso de sodio”, “exceso de grasas trans”, “exceso de grasas saturadas”, entrando en vigor a partir del 1 de octubre de 2020, así como también prohibir el uso de personajes populares y dibujos animados en productos destinados a niños, medidas que a la fecha no se conocen los indicadores de efecto o impacto que han tenido en la población, considerando que un tercio de los niños y adolescentes mexicanos tienen sobrepeso u obesidad.

El dilema se focaliza en que gran número de familias ha dejado de lado el consumo de alimentos frescos y saludables, adoptando la facilidad de adquirir alimentos ultraprocesados y que se encuentran cómodamente accesibles en tiendas, mercados, etc., promoviendo que la obesidad afecte a millones de mexicanos.

La comunidad médica señala que el exceso de peso durante la infancia tiene repercusiones serias en el crecimiento y desarrollo de los pequeños, pudiendo a su vez, multiplicar las probabilidades de enfermedades en la edad adulta, como diabetes tipo 2,  enfermedades cardiovasculares, por mencionar algunas, y no olvidar que cada vez son más frecuentes los diagnósticos de hipertensión, hígado graso, ovario poliquístico a edades tempranas.

Por supuesto que el sobrepeso y la obesidad no son solamente un problema de salud, la propia UNICEF establece que de “no contralarse esta epidemia, las crecientes tasas de niños con sobrepeso tendrán un impacto negativo en la economía, la productividad y el bienestar general de la población mexicana.”

Si consideramos que la buena nutrición es la base del crecimiento y desarrollo de niños, niñas y adolescentes ya que previene enfermedades y favorece un mejor estado de salud, tenemos un gran reto que enfrentar, pues si bien por un lado tenemos las alarmantes cifras de sobrepeso y obesidad, por el otro nos encontramos con el lado opuesto de la moneda: la desnutrición, que afecta a niños, niñas y adolescentes mexicanos de diversas formas, entre sus impactos negativos se tienen la talla baja,  un sistema inmunológico deficiente, retraso generalizado del desarrollo, que afectan  indudablemente en la calidad y expectativa de vida.

El asunto es muy serio y delicado en México, con datos que señalan que 1 de cada 20 niñas y niños menores de 5 años y 1 de cada 3 entre los 6 y 19 años padece sobrepeso u obesidad, presentándose esta condición mayor frecuencia en los estados del norte y en comunidades urbanas,  y en contraste 1 de cada 8 niñas y niños menores de 5 años padece desnutrición crónica, principalmente en los estados del sur de México y en las comunidades rurales más que en las urbanas; los más afectados son los hogares indígenas, queda claro que las políticas de salud y alimentación en el país requieren de urgentes modificaciones.

Afortunadamente, la propia UNICEF cuenta con programas que ha compartido con el gobierno de México para atender esta emergencia, y que consisten en promocionar visitas domiciliarias por medio de voluntarios de salud comunitaria, a mujeres embarazadas en regiones de alto impacto, para brindarles conocimientos básicos sobre signos de alerta y de una atención adecuada, favoreciendo la lactancia materna exclusiva, al menos durante los primeros 8 meses de vida del bebé, a través de una Guía actualizada sobre la protección de la lactancia materna en los lugares de trabajo, ya que en México solamente 3 de cada 10 bebés se alimentan únicamente con leche materna durante sus primeros 6 meses de vida, siendo la leche materna el mejor alimento para los bebés, ya que les proporciona todos los nutrientes que necesitan y ayuda a prevenir muchas enfermedades; además le brinda beneficios a las madres.

También es importante impulsar cursos o asesorías para la prevención del sobrepeso y obesidad mediante tecnología móvil que informa a padres y cuidadores sobre hábitos saludables y buena nutrición de niños y niñas. 

Así mismo UNICEF recomienda “desarrollar e implementar políticas públicas para atender la malnutrición en todas sus formas, por medio de las siguientes medidas:

Fortalecer las capacidades del sistema de salud para detectar, diagnosticar y controlar todas las formas de malnutrición, adoptar un etiquetado frontal de alimentos y bebidas que sea claro y comprensible por los consumidos, incluyendo niños, niñas y adolescentes., promover entornos escolares saludables, libres de publicidad dirigida a niños y niñas, impulsar la actividad física y reducir los hábitos sedentarios en niños y niñas.

Como sociedad también debemos tomar conciencia y realizar nuestra parte de manera responsable, ayudando a nuestros niños, niñas y adolescentes a desarrollar hábitos de consumo saludables, hacer a un lado el sedentarismo y adoptar rutinas de actividad física, recordando que el problema de salud en malnutrición (desnutrición y obesidad), es multisistémico, a manera de reflexión, concluyo con las importantes palabras de la Lic. Lourdes Silva, (Lic. nutrición por la UAM y Maestra en ciencias de la salud por la UPAEP) “La salud mental incide en la forma en que nos alimentamos y la pandemia nos ha llevado a situaciones extremas emocionales, en las cuales nos ha puesto a prueba a los seres humanos y muchas veces se refleja en la forma en que comemos. Nos va a dejar esta pandemia una factura muy alta en el tema de la alimentación de la salud.”

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