domingo, septiembre 26, 2021
Suicidio en adolescentes, la otra cara de la pandemia

Entre 2019 y 2020, se reporta un incremento de 3.9% a 6% (2.1% más) en las tentativas de suicidio en la población de adolescentes.

Por Laura Águila Franco

@laura_aguila

La Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el año 2003 promueve cada 10 de septiembre el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, ya que es un tema de alarma a nivel mundial. En los países con  altos ingresos económicos, las estadísticas señalan que los hombres mueren por suicidio tres veces más que mujeres, en comparación con los  países de ingresos bajos y medios, donde tres hombres mueren por suicidio por cada dos mujeres.

Renato Oliveira De Souza, quien es jefe de Unidad de Salud Mental y Consumo de Sustancias de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado de maneja importante el impacto que sobre la salud mental ha tenido la pandemia por COVID-19, debido a que datos de estudios realizados durante 2020 y lo que llevamos de 2021, muestran un incremento de cuadros de angustia, ansiedad y depresión, en trabajadores de la salud, niños, niñas y adolescentes principalmente, que al sumarse a la violencia intrafamiliar  agudizada por el confinamiento, el aumento en la ingesta de bebidas alcohólicas, abuso de sustancias enervantes, pérdida de empleos y los procesos de duelo debido al fallecimiento de personas cercanas, generan un ambiente altamente delicado y comprometido para que una persona decida quitarse la vida

El Dr. Oliveira De Souza resaltó que “En 2020 nos encontramos en circunstancias muy inesperadas y desafiantes mientras nos enfrentamos a la pandemia por COVID-19. El impacto del nuevo coronavirus ha tenido un impacto negativo en el bienestar mental de todos. Y por eso, este año, más que nunca, es crucial que trabajemos juntos para prevenir el suicidio”.

De este modo, es altamente recomendable promover el mantenerse en contacto con las demás personas, familiares, amigos, realizar esfuerzos por llevar a cabo actividad física, leer, mantener la mente ocupada en acciones productivas. Buscar desarrollar una higiene del sueño, para que este logre ser reparador y ayude a su vez a una estabilidad física y emocional. Estar atentos a las inquietudes expresadas por las niñas, niños y adolescentes y observar detenidamente si se presentan cambios en sus conductas habituales, generando conciencia para detectar signos de riesgo de suicidio, y tener la oportunidad de responder tempranamente y prevenirlo. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha implementado recomendaciones para integrar el apoyo a la salud mental y psicosocial en los programas de respuesta a la COVID-19, tales como llevar a la práctica ayuda y atención vía remota o virtual, generar y difundir mensajes dirigidos a la población en general, y específicamente a los sectores de la población de mayor riesgo.

En el caso de México se observan datos alarmantes, debido a que entre 2019 y 2020, año en que inició la pandemia se reporta un incremento de 3.9% a 6% (2.1% más) en las tentativas de suicidio en la población de adolescentes (Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Covid-19, 2020)

Los datos provienen de una investigación llevada a cabo por la Secretaría de Salud  en conjunto con el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), en los meses de agosto a noviembre de 2020, lo que arrojo cifras inquietantes: 40.5% de mujeres cuya edad oscila entre los 10 y 19 años, tuvieron al menos un intento de suicidio durante el año previo a la entrevista, el porcentaje de varones del mismo rango de edad que también tuvo al menos una intentona de suicidio fue el 26.8% Este estudio también pone de manifiesto que durante el confinamiento originado por la emergencia sanitaria de Covid-19, los adolescentes acrecentaron la presencia de ideas suicidas, que en el año 2019 representaban el 5.1% de este grupo poblacional, al 6.9% (1.8% más) en 2020.

De igual manera, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), ha puesto de manifiesto que tan solo en el año 2020, mil ciento cincuenta menores de edad se suicidaron, representando una preocupante cifra nunca antes observada.

Del total de menores de edad que decidieron quitarse la vida, 278 de niños y niñas tenían entre 10 y 14 años. La cifra representa 14.5% de todos los 7 mil 896 suicidios registrados, de todas las edades, en el país (INEGI 2020).

Estos datos representan un incremento igual a 37% en referencia al año 2019, convirtiéndose en la tercera causa de muerte en este grupo poblacional, y se estima que entre los agentes contribuyentes para tomar esta determinación se encuentran el  aumento de la violencia intrafamiliar (física, emocional, sexual), padres desempleados, estresados, padres con ingesta de alcohol o sustancia nocivas, falta de convivencia, abandono emocional.

Estas condiciones no son privativas de México, ya que el contexto mundial lamentablemente marca un crecimiento de suicidios en adolescentes, en España se multiplicaron las urgencias médicas en un 50%, en el área de psiquiatría debido a intentos de suicidio, durante lo que va de la pandemia.

En Estados Unidos, los CDC (centros para Control y Prevención de Enfermedades), también han manifestado importantes incrementos de hospitalizaciones de población adolescente (31%) de emergencia en el área de salud mental, en este último año.

A nivel mundial Japón es el país que cuenta con las estadísticas más elevadas de suicidio en la población en general. Con base en datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en el continente Americano,  Estados Unidos, Brasil, México, Canadá y Argentina en ese orden, ocupan los primeros lugares de ocurrencia de suicidios, representando entre todos el 56.1% del total de casos del suicidio en el continente.

Es urgente atender esta problemática, y podemos iniciar observando y cuidando la salud emocional de niños, niñas y adolescentes, estando alertas a los signos de advertencia de suicidio, ya sean verbales o conductuales, como: hablar sobre querer morirse, sentir una gran culpa o vergüenza, o sentirse una carga más para los demás. Otros signos son sentirse “vacío”, sin esperanza, atrapado o sin razón para vivir, sentirse extremadamente triste, ansioso, agitado o lleno de ira, con un dolor insoportable, ya sea emocional o físico.

Cambios de comportamiento como hacer un plan o investigar formas de morir, alejarse de los amigos, mostrar desinterés por los temas escolares o por actividades que antes disfrutaba, decir adiós, regalar artículos importantes, mostrar cambios de humor extremos, comer o dormir demasiado o muy poco, consumir drogas o alcohol con más frecuencia, pueden ser signos de advertencia del suicidio.

Al detectar cualquiera de estos síntomas, lo más adecuado es solicitar ayuda profesional lo más tempranamente posible, para que la persona afectada reciba asistencia emocional y lograr revertir la situación.

Disminuir los factores de riesgo que ayuden a  reducir los medios o formas de suicidio, así como fortalecer los factores de protección para impulsar la resiliencia, pueden convertirse en apoyos que favorezcan la reducción de manera eficaz las tasas de suicidio  en los niños, niñas y adolescentes a nivel mundial.

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