domingo, septiembre 26, 2021
Trabajar en extremo y bajo presión constante

En tiempos de pandemia los niveles de ansiedad se han incrementado en el grueso de la población a nivel mundial.

Por Laura Águila Franco                                                                              

@laura_aguila

En la vida cotidiana, el ser humano transita eventualmente por sentimientos de ansiedad como una parte habitual del agitado ritmo ordinario, marca la diferencia cuando se comienzan a manifestar preocupaciones y miedos intensos, excesivos, persistentes acerca de situaciones diarias, y se habla entonces de un trastorno de ansiedad.

El trastorno de ansiedad se muestra como episodios repetidos de sentimientos bruscos e inesperados de ansiedad intensa, miedo o terror que llegan a un punto extremo en cuestión de minutos y que se conocen como ataques de pánico. La ansiedad y el pánico obstaculizan las actividades diarias de quien los padece, debido a que son complicados de controlar por no tener proporción con el peligro real, y puede durar un largo periodo de tiempo.

Ahora bien, en los últimos años se ha venido manejando el término de ansiedad altamente funcional, y si bien es cierto que todavía no se ha reconocido como un diagnóstico de salud mental, si se utiliza  con frecuencia para englobar al grupo de personas que vive con niveles de ansiedad y que es capaz de funcionar eficientemente en su vida cotidiana, ya que lejos de que la ansiedad genere bloqueos emocionales, se convierte en una especie de impulso, por lo que la ansiedad altamente funcional al no manifestarse con signos característicos de alteración extrema del rendimiento de las personas, puede pasar desapercibida. Habitualmente lo que se advierte es angustia y el sentirse “constantemente acelerada”, de “no tener un respiro”, la persona con ansiedad altamente funcional llega a tener una admirable productividad y rendimiento profesional/laboral, y en contraparte estar constantemente agobiada en su vida personal, debido a esa sensación de no poder detener sus pensamientos de innumerables actividades que tiene por realizar, aunque físicamente ya se encuentre agotada. Esa aparente “perfección” la mayoría de las veces revela esa ansiedad interminable que produce el miedo al fracaso y a decepcionar a las personas que confían en ellas.

Las personas que experimentan ansiedad altamente funcional también cuenta con algunas ventajas, se distinguen por ser extrovertidas, alegres, puntuales, proactivas, organizadas, detallistas, sumamente ordenadas, leales y disfrutan apoyar y ayudar a los demás, y la mayor gratificación para ellas es ser consideradas “sobresalientes”. El tema se empieza a convertir al algo notan agradable cuando la ansiedad altamente funcional vuelve una constante en su vida, pues lo que no consideran es que han perdido la percepción de que viven en una constante lucha interna para lograr esos niveles de desempeño, persiguiendo la certeza y validación de los demás.

Es fundamental identificar si estamos cursando por episodios como este, ya que en tiempos de pandemia los niveles de ansiedad se han incrementado en el grueso de la población a nivel mundial, y con suma facilidad pueden confundirse los síntomas y justificarlos como el simple “efecto producido por el confinamiento”, una vez identificados es más factible poder aprender a gestionar la ansiedad altamente funcional y revertir el hecho de que pueda representar daños a nuestra salud física, emocional y mental.

El primer paso para ello es comprender y asimilar que el valor que se tiene como persona no está ligado a una interminable lista de tareas realizadas exitosamente, y que hay que reestructurar la autoestima para poder también modificar la visión de autorrealización que se tenga, vislumbrando que ambos puntos no tienen correlación alguna ni dependen del someterse a un nivel de coacción o presión excesiva para obtener resultados. Recordar primordialmente que si bien la ansiedad es una emoción humana que, aunque necesaria, cuando rebasa los límites y se convierte en extrema, puede acarrear también problemas de salud física y mental, que tarde o temprano cobrarán la factura.

Especialistas de la Clínica Mayo (Rochester, Minnesota), establecen que “la ansiedad se considera patológica cuando el estímulo supera la capacidad de adaptación de respuesta del organismo y aparece una respuesta no adaptativa, intensa y desproporcionada, que interfiere con el funcionamiento cotidiano y disminuye el rendimiento”, recomendando que las medidas de autocuidado son necesarias para la salud física y mental, para favorecer el retomar el control de la vida, y sugiere lo siguiente:

  • Dormir lo suficiente.
  • Realizar actividad física de manera regular.
  • Comer saludablemente.
  • Evitar el alcohol, tabaco y drogas.
  • Limitar el tiempo de exposición a las pantallas (tv, tablets, celulares, computadoras)
  • Buscar momentos de relajación.
  • Concentrarse en pensamientos positivos.
  • Establecer prioridades.
  • Solicitar ayuda cuando se necesite.

La ansiedad altamente funcional representa un riesgo a mediano y largo plazo para la salud, lo que obstaculiza su diagnóstico es la escasa identificación de los rasgos, lo que a su vez impide o dificulta que se solicite ayuda pensando que no existe ningún problema, y que es “normal” vivir así, exigiéndose un poco más cada día y aprendiendo a lidiar con el estrés crónico.

Se necesita trabajar mucho en hacer conciencia en la población, de que esperar a que los problemas de salud mental como la ansiedad o depresión desaparezcan por sí solos puede llevar a que los síntomas se agraven, nunca es tarde para pedir apoyo. Convivir con los efectos generados por la pandemia de Covid-19 no ha sido tarea sencilla, y lamentablemente el estrés y la ansiedad difícilmente desaparecerán si no se realizan acciones en beneficio de la salud mental, y que ello tenga utilidad acrecentando la capacidad para afrontar los continuos desafíos de la vida cotidiana.

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