Por: Ángel Mundo López

El Teatro de la Ciudad, Esperanza Iris, un recinto construido a inicios del siglo pasado que recupera la historia de los palacetes virreinales que le concedieron uno de sus nominativos a la zona céntrica de la Ciudad de México, en esta ocasión abrió sus puertas para recibir a los músicos de la orquesta neoyorquina, Spanish Harlem Orchestra, de la mano de su director musical, Óscar Hernández, músico adherido a la memoria de los salseros gracias a Rubén Blades, que, en su disco Live, específicamente en el tema Las Cuentas del Alma, menciona nombre y procedencia geográfica de este virtuoso pianista: “…directamente del Sur del Bronx, de la ciudad de Nueva York”. Desde aquel momento, su nombre quedó indeleblemente marcado en la mente de los melómanos salseros.
Nacido a inicios de los años cincuenta, Hernández tuvo la oportunidad de vivir de cerca el boom de la Sala y, desde entonces, su calidad sólo ha mejorado. Fue en el año 2000 cuando él y Aaron Levinson pensaron formar una orquesta de jazz latino. Su primer fruto fue Un Gran Día En El Barrio, disco que obtuvo una nominación al Grammy, que, aunque no consiguió la añorada presea, el verdadero reconocimiento vino del lado del público que comenzó a apropiarse de este experimento musical.
Su segunda producción discográfica, Across 110th Street, contó con la participación especial de Rubén Blades, en donde destaca de manera particular el jocoso tema Tú Te Lo Pierdes, en donde, como ya es costumbre, se evidencia el ominoso carácter narrativo de las cuestiones del barrio a las que nos acostumbró Blades desde hace varias décadas. Con esta producción, la Hispánica del Barrio obtuvo la segunda nominación al Grammy y el primero de sus premios.
Cuatro producciones musicales más han visto la luz: United We Sing (2007, nominado también al Grammy); Viva la Tradición (2010, nominado y ganador), el disco homónimo, Spanish Harlem Orchestra (2014) y Anniversary (2018), que le ha concedido su quinta nominación y su tercer gallardete. Es la promoción de este disco la que sirvió de excusa para la presentación del día 1 de marzo de 2019 a las 20:30 horas.
Esta noche representa una de las pocas oportunidades que el público mexicano tiene para disfrutar de estas orquestas. No obstante, como reza un viejo dicho, “es poco el amor y se desperdicia en celos”, pues, la misma noche, a menos de tres kilómetros de distancia, en el Centro de Espectáculos Tlaltelolco, estaba programada otra sesión de Salsa, pero con los exponentes del sonido bestial, Richie Ray y Bobbi Cruz.
Quizás esta haya sido la causa por la que el recinto cultural de Donceles no logró abarrotarse. Pudo suceder también que muchos de los que estaban congregados en Donceles, terminarían la velada a unos pasos de la Plaza de las Tres Culturas. O, quizás, todo se debió a que se trata de orquestas distintas para públicos diferentes, pues, como el mismo Hernández mencionó, esta vez quería presentarse en un recinto que, sin menoscabo de los salones de baile (que, resta decirlo, en México poseen una pésima acústica), permitiera apreciar la majestuosidad de las interpretaciones musicales que traía preparada la orquesta neoyorquina, y vaya que lo logró. Los músicos, ayudados por una excelente sonorización, brindaron lo mejor de sí, algo que el público supo apreciar y agradecer.
La selección musical estuvo fuertemente cargada hacia los temas de la más reciente producción a la que ya se hizo mención, Anniversary, que, como su nombre lo indica, hace alusión al cumplimiento de años de haberse formado la banda. Poco a poco, la maestría de cada uno de los integrantes se fue haciendo patente, desde el opus instrumental, siguiendo con tres temas más que permitieron ir presentando y alternando a los cantantes, Marco Bermúdez con Esa Nena, Carlos Cascante con Como Te Quise y Jeremy Bosch con Yo Te Prometo, hasta la interpretación de Somos Uno, tema instrumental que, a la manera de las descargas de los años setenta, permitió apreciar en todo su esplendor la calidad de cada uno de los instrumentos de la banda.
Como ya es costumbre, los solos se hicieron presentes en diversos momentos de la noche; los de flauta, además de contar con el versátil cantante Jeremy Bosh, corrieron a cargo de Mitch Frohman, quien también se dio el lujo de mostrar sus dotes con el saxo barítono. Cuando tocó el turno al trombón, el Titán, Doug Beavers (también ganador de un premio Grammy) hizo su aporte en Yo Te Prometo. Las percusiones fueron un agradable vendaval gracias a las manos del venezolano Luisito Quintero en Canción Para Ti. El solo de trompeta estuvo a cargo de Manuel “Maneco” Ruiz en Echa Pa´Lante. Por último, a Óscar Hernández, los cantantes le hicieron una rueda de honor cuando tuvo que mostrar su dominio de las blancas y las negras en el tema Goza El Ritmo.
El resto de la orquesta en la sección de vientos se integró por Héctor Colón en la segunda trompeta y Noah Bless en el segundo trombón, mientras que la base rítmica corrió a cargo de Gerardo “Jerry” Madera en el bajo, y el resto de las percusiones se adjudicaron a George Delgado en las congas y Jorge González en los bongós, maracas y güiro.
Anniversary presenta un arreglo salsoso de un tema de José Alfredo Jiménez (La Media Vuelta), así como una nueva versión del bolero Tres Palabras; no obstante, la orquesta quiso rendir un homenaje todavía mayor a nuestra música con un medley, escasamente ensayado, pero magistralmente interpretado con las canciones México Lindo y Querido, La Vikina y Cielito Lindo, que interpretaron de manera alternada las tres voces de la orquesta a las que ya se ha hecho alusión. Es así como la música mexicana arreglada en Salsa se vio acompañada de temas de jazz, de salsa, bolero y algunos acordes de cumbia.
El anuncio de la culminación del recital, con el turno de un clásico de la banda, Salsa Dura, hizo entender al público que la oportunidad de disfrutar de la música fenecía, por lo que la mayor parte de los asistentes de la zona de lunetas se acercaron al proscenio para mostrar sus dotes de bailadores. Al culminar esta pieza, los músicos se retiraron, pero, la ovación de pie los hizo retornar a la tarima, esta vez para interpretar una melodía que nos hace recordar al dúo setentero, a la pareja de “malos”: Willie Colón y Héctor Lavoe: Llegó la Banda.
En los últimos años se ha intentado decretar la próxima defunción de la Salsa, ya sea por impasses, por desapariciones físicas de personajes insignia del movimiento, o por una merma en la cantidad de producciones discográficas, lo cual, hay que decirlo con Perogrullo, jamás podrá igualar el boom de los años setenta. No obstante, considero que episodios como la salsa monga de los años ochenta y principios de los noventa, o las fusiones con reguetón de inicios de siglo, sirvieron para reencauzar el rumbo y afianzar corrientes. Prueba de ello es que muchas de las producciones de los últimos tres lustros, si bien se encargan de recoger muchos de los temas clásicos adaptados a las condiciones actuales, también ofrecen la oportunidad de escuchar temas novedosos como ha sucedido con la Spanish, pero también con la banda Guasábara del difunto José Lugo, con las producciones de Truco y Zaperoko o de Edwin Bonilla, por mencionar sólo algunos nombres.
Por eso, sin temor a equivocarnos, mientras existan exponentes como la Spanish Harlem Orchestra, el legado de la Salsa se encuentra bien resguardado y nos dará todavía muchas satisfacciones.

Social

YOUTUBE

PUBLICIDAD