Los Chicomalapas en el Año Jubilar jTatic Samuel
Por Luz del Alba Belasko
San Cristóbal de las Casas, 25 de enero de 2025.- Jacob es un hermano creyente de Chicomalapa que, desde hace más de tres décadas, se viste con su ropa de gala perfectamente planchada para abordar la unidad 08 de la línea Bonampak, a eso de las 4 de la mañana. Dentro del transporte, el ambiente es de alegría; viajan mujeres con sus niños, parejas y numerosos catequistas. Alrededor de diez unidades partirán coordinadamente de Chicomuselo y Comalapa hacia San Cristóbal de las Casas.
A primera vista, el acto podría parecer común, pero en esta zona de la sierra fronteriza, organizar un movimiento en caravana, y sobre todo un acto religioso, ha sido una actividad difícil, si no imposible, durante más de dos años.
Desde hace más de 30 años, en esta región se establecieron promotores en la Pastoral de la Tierra, integrados en comisiones de salud y teología india. A su llegada a poblados desprovistos de doctrina, se formó la comunidad de Chicomalapa. Muchos de los que participan en esta caravana durante el año jubilar en honor a jTatic Samuel, el “caminante en el corazón de los pueblos”, son parte estratégica del proyecto posconciliar de la diócesis de San Cristóbal de Las Casas. Su feligresía católica se forjó con una crítica del sistema capitalista, buscando justicia social y soluciones no violentas a los conflictos entre comunidades.
El camino ha sido arduo. Entre las represiones de los años 90, como la masacre de Chicomuselo y las amenazas a sacerdotes locales, las luchas por decir “NO a la minería, SÍ a la vida” y la defensa de la Madre Tierra han marcado su andar. La gota que colmó el vaso fue el abandono por parte de los gobiernos, que dejaron a estas comunidades a merced del terror y el sufrimiento ante la creciente inseguridad y violencia.
Las historias son trágicas; muchas personas de estas caravanas han sido secuestradas, privadas de medios de sustento diario, obligadas a formar barreras humanas o, en el peor de los casos, han perdido a sus hijos y han sido víctimas de desplazamientos forzados. Jacob comparte su dolor, relatando cómo su hijo Gabriel “perdió la razón” tras sufrir un accidente en medio de la violencia que aqueja a su pueblo. Antes un músico que disfrutaba tocar la guitarra y cantar alabanzas, Gabriel quedó incapacitado, sin reconocer a nadie, desde aquel oscuro día.
Pese a esa tragedia personal, Jacob se llena de emoción al anticipar la llegada del nuncio Joseph Spiteri y los dos obispos, Rodrigo Aguilar y Luis Manuel López Alfaro. En el trayecto de Comitán a Teopisca, los peregrinos, aun medio desvelados, piden una pausa para desayunar. Compartiendo frijoles y tortillas, el sentido de comunidad y la alegría por lo que experimentarán los une.
Para ellos, la peregrinación comenzó el día que salieron de sus casas. Bajan estandartes y la caminata inicia entre el polvo del cerro afectado por la minería a cielo abierto. Entonan consignas como “pueblo unido, jamás será vencido”, que evocan más a una manifestación política que a una procesión religiosa. Pero también hay cantos de alabanza que surgen del corazón. Algunos niños muestran signos de agotamiento y piden ayuda, mientras que los Chicomalapas, aunque son los últimos en llegar, aseguran: “seremos los primeros en entrar al reino del Señor”, riendo entre ellos. Al llegar al corazón de la Ciudad Real, se persignan y agradecen a Dios por haber alcanzado su meta.
El ritual maya que observan no les sorprende; son celebraciones que evocan la corriente del realismo mágico, donde lo real se entrelaza con lo maravilloso. Viven la nueva pastoral profética legado por jTatic Samuel, manifestando una opción preferencial por los pobres y la transformación social.
Tras la alentadora homilía del Nuncio Joseph Spiteri, quien los anima a “seguir caminando juntos como pueblo creyente”, y después de la consagración de la misa, todos se dispersan entre la multitud de diversas lenguas y vestimentas. Los de Chicomalapa se reúnen nuevamente en un punto para abordar el transporte de regreso a sus comunidades. Serán cuatro horas de camino de vuelta a casa. Jacob, satisfecho y con una luz de esperanza en su corazón, dice: “Qué feliz me siento y abrazado por nuestro Señor Papa, eso le diré a mi hijo Gabriel, aunque ya no recuerde quién es él.”
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