Un análisis político.
Por Rubén Islas
«Hacer cambios en lo superficial para que todo siga igual en lo esencial, eso es gatopardismo»: AMLO
La novela «El Gatopardo» fue publicada en 1958 y está ambientada en Sicilia durante el proceso de unificación de Italia en el siglo XIX. En la obra, el joven Tancredi Falconeri expresa la necesidad de realizar cambios cosméticos para que las estructuras de poder tradicionales no se vean afectadas. Desde entonces, el término gatopardismo se ha utilizado en contextos políticos para indicar reformas superficiales que no alteran el status quo.
El Estado de México es un ejemplo contemporáneo del gatopardismo. Aunque Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador, ganó las elecciones y asumió la gobernanza con una gobernadora y legisladores del partido, las instituciones clave y el poder detrás de la administración pública, el poder judicial y otras entidades permanecen bajo el control del PRI y su influyente grupo Atlacomulco.
Desde la elección de la gobernadora de Morena en el Estado de México, se esperaba un cambio significativo en la administración y en las políticas públicas. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por implementar nuevas reformas, las prácticas tradicionales del PRI continúan predominando en la administración pública del estado.
El Estado de México cuenta con una mayoría de legisladores de Morena, lo que en teoría debería facilitar la aprobación de leyes y políticas alineadas con los ideales del partido. No obstante, la influencia de los legisladores del PRI y las alianzas estratégicas dentro del Congreso local han limitado la capacidad de Morena para realizar cambios profundos.
El poder judicial en el Estado de México sigue estando dominado por el PRI y su grupo Atlacomulco, conocido por su fuerte influencia y capacidad para mantener el control en las instituciones clave. Esta situación ha generado un ambiente donde las leyes y las decisiones judiciales favorecen a los intereses del PRI, impidiendo una verdadera transformación del sistema político y judicial del estado.
En resumen, el Estado de México es un claro ejemplo de gatopardismo, donde a pesar de los cambios en las figuras políticas visibles, las estructuras de poder y las prácticas tradicionales continúan inalteradas, beneficiando a los grupos que han dominado históricamente la región. Este análisis pone de manifiesto la importancia de no solo cambiar las caras visibles en la política, sino también de transformar profundamente las instituciones para lograr una verdadera renovación.
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