Aunque el gobierno federal reporta que el derrame de hidrocarburos en el Golfo de México está bajo control, las comunidades pesqueras de Tabasco y Veracruz siguen enfrentando sus consecuencias: sin pesca, sin ingresos y, en muchos casos, sin acceso a apoyos estatales y federales.
A casi tres meses del incidente, cuya responsabilidad fue reconocida por Pemex el pasado 16 de abril, la compensación no ha llegado a todos. Oceana organización dedicada a la protección de los océanos, visitó Las Barrancas, Veracruz, y encontró a comunidades afectadas que no han sido incluidas en los programas de reparación de daños y que las instituciones del Estado no han logrado actuar de manera coordinada.
En esa comunidad, las redes de pesca llevan semanas fuera del agua. Habitantes señalaron que personal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) recorrieron el sitio y concluyeron que no hubo daños porque no encontraron chapopote en las playas. Lo que la autoridad no consideró en su análisis fue las afectaciones por la parálisis de la actividad pesquera, en un periodo de alta demanda como lo fue Semana Santa.
La situación es similar en El Bosque, Tabasco, la primera comunidad reconocida como desplazada por cambio climático en México. Allí, pescadores afirman que desde el derrame no encuentran quién compre su pesca del día. La mayoría no están registradas en el padrón, requisito que los programas de apoyo gubernamental exigen para acceder a compensaciones, lo que ha dejado a gran parte de la comunidad sin respuesta institucional.
Las Barrancas y El Bosque son solo dos ejemplos de lo que ocurre en las costas del Golfo de México. Ambas comunidades no solo enfrentan los efectos del derrame, sino también la erosión costera y el incremento en el nivel del mar provocados por la crisis climática, consecuencia directa de la quema de combustibles fósiles. «Duermo con el mar en la nuca», dice una habitante de Las Barrancas.
Los habitantes de El Bosque son testigos de cómo el modelo basado en hidrocarburos afecta su modo de vida. Recuerdan que antes no había tanta infraestructura petrolera en el mar; hoy, afirman, los barcos de Pemex destruyen sus redes a su paso y las plataformas han desplazado los cardúmenes mar adentro. Donde antes bastaban 10 millas para encontrar pesca, hoy navegan hasta 110 millas.
«Nos han dejado por los suelos porque no nos atienden, no nos apoyan, y esos barcos que tienen, ellos saben que esos barcos pasan por donde pescamos, les afectan y ponen en riesgo su vida y rompen las redes», señala un pescador de El Bosque
Para Oceana, esto es un problema estructural. “El derrame no solo contaminó el mar, evidenció un sistema que deja fuera a quienes viven de él. Hoy, las reglas de apoyo están diseñadas para reconocer manchas en la playa, no la pérdida real de ingresos ni el impacto cotidiano en las comunidades”, señaló, Nancy Gocher, directora de Política Pública e Incidencia de Oceana.
La organización exigió al gobierno federal que las compensaciones lleguen a quienes realmente las necesitan, y que se diseñen mecanismos de reparación de manera integral y en coordinación directa con las comunidades del territorio.
“Este derrame debe marcar el fin de la expansión de los hidrocarburos y abandonar los planes de explotar las aguas profundas donde los impactos de un derrame serían mayores. Es momento de dar un giro hacia un modelo de desarrollo donde la pesca, las comunidades y los ecosistemas sean el centro y no el costo”, concluyó Gocher.
Descubre más desde Comunicadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
