Hay una urgencia distinta cuando lo tienes a unos metros. Apuntar la lente hacia él no es simplemente tomar una fotografía, es el intento de archivar lo irrepetible. Pero el visor, a veces, también es una barrera. Por eso, por momentos bajé la cámara y solo me limité a observarlo, a disfrutarlo en su estado puro.
Tardé 34 años para poder por fin verte. Una vida entera de espera que de pronto se acelera: en menos de dos semanas te veré tres veces. Y mientras te veo marcar goles y romper récords con esa economía de movimientos que no necesita alardes, una pregunta inevitable flota desde la tribuna: ¿cuánto tiempo más nos vas a durar, Messi?
Cuando miras alrededor, entiendes el verdadero peso de la escena. Los que están ahí han cruzado husos horarios y océanos. Y es que los fanáticos de Messi son de todos los países. El futbol hace mucho que se quedó estrecho para intentar explicarlo, él es una nación por sí sola.
Disparar el obturador en este mundial de tu despedida tiene sabor a melancolía y a privilegio. Solo me queda la esperanza de seguirte un poco más durante el torneo, documentando los últimos destellos antes de que el protagonista abandone la obra.
by Germán Velasco
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