En México, la gestión de residuos ha caído en una peligrosa zona de confort institucional. Mientras los discursos oficiales suelen hablar de «rellenos controlados», la realidad operativa revela un panorama mucho más sombrío: la mayoría de estos sitios no son más que tiraderos a cielo abierto que, con una capa de tierra, pretenden ocultar un problema que amenaza la salud pública y el equilibrio ambiental del país.
En una entrevista exclusiva, el ingeniero Luis Eduardo de Ávila, director general de ETEISA (Estudios y Técnicas Especializadas en Ingeniería S.A.) y especialista con casi cuatro décadas de experiencia en el sector, desmitifica la actual situación de los residuos en territorio nacional.
EL MITO DEL CONTROL
Al cuestionarlo sobre la situación actual, el especialista es tajante: «Estamos mal en general». Muchos municipios operan bajo el nombre de «rellenos controlados» carecen de la ingeniería necesaria para garantizar la seguridad sanitaria. «Son, en esencia, tiraderos que simplemente tapan la basura con tierra, sin cumplir con normativas internacionales ni procesos técnicos que eviten la contaminación», explica.
En el caso de Calimaya, se puede decir que sólo es un tiradero controlado que no puede ser catalogado como relleno sanitario. A decir del especialista, cuando no se tiene un manejo adecuado del sitio de disposición final de desechos se generan lixiviados y gases que provocan olores fétidos.
“Son emanaciones de gases que salen del tiradero y también están los lixiviados pero por ejemplo, hay sustancias como el sulfuro de hidrógeno, ¿ que huele como a huevo podrido, es un gas que se mezcla con el metano del relleno, que es parte de la descomposición de los residuos”.
Para evitar la filtración de lixiviados a la tierra, explica Luis Eduardo de Ávila, se tiene que colocar una geomembrana o material impermeable para que no lleguen a los mantos freáticos y no se generen malos olores y si el tiradero se encuentra cerca de zonas poblacionales como es el caso de Calimaya, los gases que emanan del lugar puedes provocar daños a la salud.
El especialista agregó que para conocer los alcances de los daños que se provocan en la salud humana, es necesario tomar muestras, monitorearlas y sacar conclusiones.
Esta falta de rigor técnico se traduce en riesgos directos para la población, que van más allá del hedor constante.
De Ávila detalla cómo la emanación de gases como el sulfuro de hidrógeno y la formación de lixiviados —los jugos tóxicos de la basura— ponen en jaque a las comunidades cercanas al infiltrarse en los mantos freáticos y favorecer la proliferación de fauna nociva, incluyendo moscas que pueden trasladar contaminantes a kilómetros de distancia en una sola jornada.
Infraestructura vs. Estructura: La falla de origen
Finalmente, para el director de ETEISA, existe un error de diagnóstico constante en la administración pública: el foco está puesto en la compra de maquinaria y vehículos cuando, en realidad, el problema es de «estructura».
«Se cree que la solución es comprar camiones, pero si no tienes la estructura —operadores capacitados, rutas diseñadas, sistemas de control—, esa maquinaria se convierte en chatarra en tres años», advierte el experto. A esto se suma una visión distorsionada de la economía circular: muchos gobiernos municipales, mal asesorados, creen que su basura tiene un valor comercial intrínseco, lo que los lleva a buscar una ganancia en lugar de invertir en un manejo profesional y seguro.
EL LLAMADO A LA ACCIÓN
Para De Ávila, la transición hacia una verdadera gestión responsable requiere voluntad política para aplicar la ley, sancionar a quienes operan esquemas precarios y, sobre todo, una pedagogía ciudadana: la basura no desaparece mágicamente al sacarla de casa, y su gestión no debe verse como un gasto, sino como una inversión ineludible en salud pública.
La entrevista concluye con una advertencia necesaria: mientras la gestión de residuos se mantenga en el terreno de la simulación técnica y el descuido administrativo, los proyectos de economía circular seguirán siendo, en el mejor de los casos, una utopía inalcanzable.
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