Tristeza, estrés, frustración e incluso alegría pueden convertirse en detonantes de compras impulsivas y sobreendeudamiento.
Comprar para aliviar una emoción, darse un gusto después de un día difícil o intentar alcanzar el estilo de vida que se muestra en redes sociales puede convertirse en un problema para las finanzas personales cuando el gasto deja de responder a necesidades reales.
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), en colaboración con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), advierte sobre los riesgos del llamado consumismo emocional, fenómeno en el que las emociones influyen directamente en las decisiones de compra.
De acuerdo con las recomendaciones difundidas en la Revista del Consumidor, emociones como el estrés, enojo, tristeza, frustración y preocupación, pero también la alegría y el entusiasmo, pueden generar impulsos de compra que, cuando se vuelven frecuentes, afectan la estabilidad económica.
Uno de los principales riesgos es adquirir productos o servicios sin considerar la capacidad de pago, situación que puede derivar en sobreendeudamiento, morosidad, estrés financiero e incapacidad para cubrir compromisos.
Para evitarlo, las instituciones recomiendan identificar qué emoción está detrás de la urgencia por comprar y buscar alternativas antes de sacar la cartera. Salir a caminar, hacer ejercicio, realizar alguna actividad recreativa o comunicarse con un familiar o amigo son algunas opciones para sustituir el impulso de consumo.
Redes sociales también pueden influir
Las redes sociales y la publicidad representan otro factor que puede incentivar gastos innecesarios. La exposición constante a imágenes de viajes, productos, restaurantes o estilos de vida puede generar la percepción de que otras personas tienen una vida llena de lujos y provocar el deseo de imitar esos hábitos, aunque no correspondan con los ingresos propios.
Ante este escenario, Profeco y Condusef recomiendan establecer prioridades financieras y metas realistas, además de evitar comparar la situación económica personal con el contenido que circula en plataformas digitales.
Otro de los consejos es llevar un registro de los gastos y elaborar un presupuesto que permita saber cuánto dinero se destina a necesidades, gustos, ahorro y pago de deudas.
Entre las alternativas se encuentra la regla 50/30/20, que propone destinar 50 por ciento de los ingresos a necesidades básicas, 30 por ciento a gastos personales y 20 por ciento al ahorro o al pago de deudas.
La Profeco subraya que reconocer los detonantes emocionales de las compras puede ayudar a tomar decisiones de consumo más conscientes y evitar que un impulso momentáneo termine afectando las finanzas personales o familiares.
Las recomendaciones forman parte de la edición 595 de la Revista del Consumidor, donde se aborda de manera amplia la relación entre emociones, consumo y finanzas personales.
Descubre más desde Comunicadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
