Comprar de manera compulsiva, sentir ansiedad antes de hacerlo y experimentar culpa después son algunas señales de alerta.
Sentir una necesidad incontenible de comprar, experimentar ansiedad antes de dar el “tarjetazo”, sentir una felicidad desmesurada después de adquirir algo y posteriormente preocuparse por cómo llegar a la siguiente quincena pueden ser señales de oniomanía, un problema relacionado con las compras compulsivas.
A través de la reciente edición de la Revista del Consumidor, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) informa sobre las causas, síntomas y opciones de atención de este comportamiento, que puede afectar de manera importante la economía y otros ámbitos de la vida de quienes lo presentan.
La oniomanía puede manifestarse como una necesidad incontrolable de comprar objetos que no son necesarios, con el propósito de compensar carencias emocionales. Esta conducta puede generar problemas financieros y endeudamiento, además de repercusiones en la vida familiar, laboral y social.
Profeco señala que el problema puede pasar desapercibido debido a que las compras forman parte de la vida cotidiana y, en una sociedad de alto consumo, adquirir bienes de manera frecuente puede asociarse con el prestigio, la apariencia o el estatus social.
¿Qué puede provocar las compras compulsivas?
Entre los factores relacionados con este comportamiento se encuentra la obsesión por la apariencia física, influenciada por expectativas poco realistas y comparaciones constantes promovidas en redes sociales.
También pueden intervenir las carencias afectivas y la baja autoestima, cuando las compras se utilizan como una forma de aliviar momentáneamente sentimientos de vacío, soledad o la necesidad de aceptación social.
A estos factores se suman el estrés y las dificultades para manejar la frustración, situaciones que pueden llevar a algunas personas a recurrir al consumo como una vía de escape emocional.
Estas son algunas señales de alerta
Entre los síntomas más frecuentes se encuentra una ansiedad intensa o una necesidad permanente de comprar, acompañada de una satisfacción inmediata después de realizar la adquisición.
Sin embargo, esa sensación puede ser seguida por culpa, remordimiento o vergüenza, particularmente cuando la persona analiza cuánto gastó o las consecuencias que tendrá para sus finanzas.
Otros signos son el menosprecio de los bienes que ya se poseen, frustración constante, irritabilidad, cambios de humor y una sensación de vacío o tristeza cuando no es posible realizar compras.
¿Cómo se puede atender?
Para romper con el ciclo de las compras compulsivas se requiere un enfoque integral que considere tanto los aspectos emocionales como los relacionados con la conducta y el manejo de las finanzas.
Entre las opciones de atención mencionadas por Profeco se encuentra la terapia cognitivo-conductual, además de la educación y gestión económica. En algunos casos también puede recurrirse a tratamiento psicofarmacológico, siempre bajo valoración profesional.
La dependencia de las compras no debe confundirse simplemente con el gusto por adquirir productos. La principal señal de alerta aparece cuando el comportamiento se vuelve difícil de controlar y comienza a generar consecuencias negativas en la economía o en la vida cotidiana.
Profeco invita a la población consumidora a consultar el artículo completo sobre la oniomanía en la Revista del Consumidor y destaca la importancia de identificar oportunamente estas conductas para recuperar el control presupuestal y avanzar hacia un consumo más consciente y equilibrado.
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