La representación en el Consejo de Seguridad, la confianza en las instituciones y la eficiencia de la Organización concentran el debate entre los Estados miembros.
La necesidad de actualizar la estructura de las Naciones Unidas para responder a los desafíos actuales centró el debate de los Estados miembros durante el 81º periodo de sesiones de la Asamblea General. Aunque existe coincidencia en que la Organización requiere cambios, las propuestas difieren sobre el alcance y la forma de concretarlos.
Uno de los principales puntos de discusión fue la composición del Consejo de Seguridad, particularmente la representación permanente de regiones que actualmente no cuentan con un asiento en este órgano.
Kenia cuestionó la falta de representación africana y señaló que la igualdad defendida en la Asamblea General no se refleja en el Consejo de Seguridad. Guyana, por su parte, planteó que la composición del organismo debe responder a las actuales condiciones geopolíticas e incluir una representación permanente de África, así como de América Latina y el Caribe.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, también se pronunció sobre el tema y consideró que la ausencia de países africanos como miembros permanentes del Consejo de Seguridad constituye una situación que debe ser atendida.
Sin embargo, los gobiernos mantienen diferencias respecto a la manera de realizar una eventual reforma. España propuso una representación regional más equilibrada y planteó eliminar el derecho de veto de los miembros permanentes, mientras que Rusia respaldó ampliar la presencia de Asia, África y América Latina, pero advirtió que cualquier cambio debe preservar el carácter intergubernamental de la Organización y las atribuciones de los miembros permanentes.
Otro de los temas abordados fue la confianza en las instituciones internacionales. Hungría sostuvo que los intereses nacionales y la cooperación internacional pueden coexistir, al tiempo que señaló que las Naciones Unidas deben fortalecer la confianza mediante la aplicación coherente de las reglas y principios internacionales.
Las delegaciones también discutieron la eficiencia de la Organización en el marco de la iniciativa UN80, que busca mejorar su funcionamiento y capacidad de respuesta. Suiza y Costa Rica destacaron la necesidad de establecer prioridades, mejorar la coordinación y alcanzar resultados verificables.
La discusión incluyó también el uso de los recursos. Mientras algunos países defendieron una estructura más eficiente, otras delegaciones advirtieron que la reforma no debe reducirse a un ejercicio de recorte presupuestario.
China planteó que los cambios deben orientarse a mejorar el desempeño institucional, mientras que Guyana sostuvo que los recursos deben corresponder a las responsabilidades asignadas a la Organización. España, en tanto, pidió fortalecer los recursos y la capacidad operativa de los organismos, fondos y programas de la ONU.
Estados Unidos presentó una postura distinta al señalar que durante 2026 redujo en 15 por ciento su aportación al presupuesto de la ONU y eliminó más de 4 mil puestos dentro de la estructura de la Organización, además de defender una menor intervención internacional en asuntos considerados de competencia nacional.
Pese a las diferencias sobre representación, presupuesto, atribuciones y mecanismos de decisión, los gobiernos coincidieron en discutir cómo adaptar el sistema multilateral a un escenario internacional distinto al existente cuando la ONU fue creada en 1945.
El debate dejó así planteada una cuestión central para los Estados miembros: cómo modificar las estructuras de la Organización sin perder su capacidad para coordinar respuestas colectivas frente a los problemas internacionales actuales.
Descubre más desde Comunicadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

