La estación polar Tara permanece atrapada voluntariamente en el hielo marino para estudiar durante meses los efectos del calentamiento global, la pérdida de biodiversidad y los cambios que enfrenta una de las regiones más vulnerables del planeta.
A bordo de la Tara Polar Station, doce personas y un perro llamado Örkki avanzan a la deriva sobre el océano Ártico, en una misión científica que busca documentar los cambios de una región que se calienta entre tres y cuatro veces más rápido que el resto del planeta.
La expedición Tara Polaris I, primera de un programa internacional que contempla diez expediciones durante los próximos 20 años, tiene como objetivo generar información sobre la transformación del océano Ártico, sus ecosistemas y su capacidad para almacenar carbono.
El científico jefe de la misión, Maxime Geoffroy, conversó por videoconferencia con el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, quien expresó su preocupación por la gravedad de los cambios que enfrenta la región y su impacto global.
“Lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico”, señaló Geoffroy, al explicar que la transformación de esta zona puede alterar los océanos, el clima y la biodiversidad a miles de kilómetros de distancia.
La estación polar permanece inmovilizada sobre una placa de hielo, a la deriva de acuerdo con los vientos y las corrientes. Durante su recorrido, los investigadores alcanzaron los 82 grados de latitud norte, atravesando canales de agua abierta en una región donde la disminución del hielo ha permitido avanzar mucho más hacia el Polo Norte que durante la expedición de Fridtjof Nansen, realizada en 1893.
Uno de los principales riesgos identificados es la pérdida del hielo marino. La superficie blanca funciona como un espejo que refleja la radiación solar; al desaparecer, el océano oscuro absorbe más calor, incrementa la temperatura del agua y favorece una mayor pérdida de hielo.
Los científicos también estudian la biodiversidad marina, la capacidad del océano para almacenar carbono y la presencia de organismos capaces de sobrevivir en condiciones extremas. La expedición reúne a 80 científicos y contempla alrededor de 220 protocolos de investigación.
El deshielo también está modificando las actividades humanas en la región. Durante su recorrido, la tripulación observó un incremento en el tránsito de petroleros por el Paso del Nordeste, ruta marítima que bordea la costa ártica de Rusia.
Los investigadores advierten que el aumento de la navegación eleva el riesgo de accidentes y contaminación en una zona donde las labores de atención y limpieza ante un derrame de petróleo serían especialmente complejas.
Además de las consecuencias ambientales, el Ártico adquiere una importancia geopolítica cada vez mayor por las tensiones en torno a Groenlandia, la competencia entre países y la creciente militarización de la región. Ante este escenario, la cooperación científica internacional busca convertirse también en un espacio de colaboración frente a las divisiones políticas.
Guterres advirtió que intereses económicos vinculados a los combustibles fósiles continúan influyendo en el debate climático y señaló que el desafío actual no consiste únicamente en negar el calentamiento global, sino también en retrasar las medidas necesarias para enfrentarlo.
Al acercarse la COP31, el llamado de los investigadores es que los resultados científicos sean considerados para orientar las decisiones de los gobiernos y fortalecer las acciones frente a la crisis climática.
Mientras la Tara Polar Station continúa su recorrido a la deriva durante la noche polar, sus tripulantes seguirán midiendo el hielo, estudiando el océano y recopilando información sobre un ecosistema que cambia rápidamente. Para los científicos, comprender lo que sucede en el Ártico es indispensable para anticipar sus consecuencias en el resto del planeta.
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