Itzel salió aquel martes 7 de octubre de 2025 como cualquier joven llena de esperanza. Salió tranquila, confiando en alguien a quien consideraba su amigo: Ignacio “N”. Salió a compartir una comida, una conversación, un momento cotidiano… de esos que hacemos todos cuando creemos que estamos seguros.
Pero nunca volvió.
Y mientras una familia vive con una silla vacía en la mesa, con noches eternas y con el dolor que no deja respirar, las autoridades continúan aplazando lo que debería ser prioridad: hacer justicia.
Lo que más duele e indigna a la ciudadanía
es que, aun existiendo pruebas suficientes para dictar sentencia, el caso sigue detenido entre audiencias pospuestas y silencios que lastiman.
La última audiencia fue en marzo. Han pasado casi tres meses más de espera, de presión, de súplicas para que las autoridades hagan su trabajo.
¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo una madre tendrá que llorar esperando respuesta?
¿Hasta cuándo una familia tendrá que salir a exigir lo que debería ser un derecho?
¿Hasta cuándo las autoridades reaccionarán como si se tratara de alguien cercano, de una hermana, de una hija, de una amiga?
Porque detrás de cada expediente hay una vida.
Había una joven con sueños.
Había abrazos pendientes.
Había metas, risas, cumpleaños, proyectos… una historia que fue interrumpida de manera cruel.
Hoy no solo se recuerda a Itzel.
Hoy se exige justicia por ella y por todas las mujeres que merecen vivir sin miedo.
Porque a Itzel no solo le arrebataron la vida… también le arrebataron el futuro.
Y mientras no exista justicia, la herida seguirá abierta para toda una sociedad.
Descubre más desde Comunicadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
