Por Ilse Valencia
Emiliano Vázquez Estrada se coloca la camiseta con el número ocho, se amarra sus tacos y cubre sus ojos con un antifaz negro. Está listo para entrar a la cancha y entrenar con el representativo juvenil de futbol para ciegos de Ciudad de México, en el que juega desde los 11 años. “Para mí esto es una herramienta para crecer como persona, tanto en lo físico como en lo mental”, contó Emi, como le dicen sus compañeros.
En mayo de 2026, este joven egresó de la Escuela Nacional Preparatoria plantel 1 de la UNAM y está en espera de ingresar a Ingeniería Computacional en dicha casa de estudios, donde el director técnico de su equipo, Patricio Ramírez, cursó la licenciatura en Administración.
En 2019, Patricio y otros compañeros entrenadores (Agustín Robles, Wendy del Río, David Maldonado y Luis Zárate) trabajaron para estructurar este proyecto que ha participado ya en seis paralimpiadas nacionales. “Crear espacios para que las juventudes con discapacidad visual se desenvuelvan de forma integral, a través del deporte, es un deber social y político”, sostuvo.
DISTINTO AL CONVENCIONAL
Emiliano tiene 18 años. Le gusta la música y está aprendiendo a tocar el teclado y la flauta transversal. Antes de interesarse por el balompié, quiso practicar natación, pero su oftalmólogo le sugirió buscarse otra actividad por su presión ocular alta y el glaucoma congénito que le provocó ceguera desde el nacimiento. Fue entonces cuando recibió una invitación para unirse al equipo representativo de Ciudad de México.
El futbol para ciegos es una disciplina paralímpica con adaptaciones y características distintas al convencional. Se disputa en una cancha de 40 por 20 metros. Los partidos duran dos tiempos de 20 minutos cada uno. “En el campo hay cuatro jugadores ciegos y un portero que sí ve. Detrás del arco contrario se posiciona un guía que le indica a los delanteros dónde está la portería para que puedan anotar gol”, explicó Patricio Ramírez.
El oído es un sentido esencial para que los jugadores se desplacen por el terreno. “Para orientarnos en el espacio, el balón que usamos contiene sonajas de metal. La comunicación es relevante para interactuar con nuestros compañeros, saber dónde se encuentran los rivales y cómo avanza la jugada”, mencionó Emi, quien agregó que las claves para alcanzar el éxito como agrupación son la coordinación, concentración y, particularmente, la unión y confianza entre compañeros.
Una de las reglas más relevantes es que los futbolistas digan la palabra “voy” para evitar que quien conduce el esférico se impacte contra un defensa o rival. Debido a que algunos pueden tener cierto grado de visión, que les otorgue ventaja sobre otros, todos (a excepción del arquero) utilizan parches oculares y, sobre estos, un antifaz. “A los deportistas se les practica una revisión oftalmológica que valida que tienen una discapacidad visual y, después, una persona (denominada clasificador) dictamina qué tanta visión posee cada uno”, señaló el entrenador.
ABRIR ESPACIOS
En 2019, Patricio Ramírez cursaba su carrera en la Facultad de Contaduría y Administración (FCyA) de la UNAM. Ese mismo año, junto con otros compañeros, consolidó el equipo de futbol para ciegos de Ciudad de México, proyecto surgido de su amistad con personas quienes viven con esta discapacidad y que tenían interés por practicar el balompié, pero que no encontraban las condiciones para hacerlo.
“Buscamos un espacio donde entrenar y convocamos a más jóvenes. Es una disciplina compleja y de mucho impacto en la que los participantes deben tener capacidad de orientación y cierta movilidad física para poder desplazarse a lo largo del campo”, detalló Patricio Ramírez.
Hoy, Emiliano, Carlos, Gustavo, Braulio, Luis, Alan, Erick, Alfred y Paco integran este equipo que ha llegado a seis paralimpiadas nacionales (certamen organizado por la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte), que es tricampeón nacional y del cual han salido seleccionados que han representado a México en los Parapanamericanos de Colombia 2023 (donde ganaron el bronce bajo la dirección de Patricio) y Chile en 2025.
“He conocido gente de diferentes partes del país y del continente. Es muy agradable compartir el tiempo, el espacio y la emoción de jugar y ganar un partido”, platicó Emi, quien reconoce que, aunque en los últimos años esta disciplina ha evolucionado en México, aún persisten muchos retos.
“Se le da poca difusión, esto disminuye la apertura de espacios para que se practique más. Tenemos compañeros que viajan hasta dos horas para entrenar. Sería bueno que se crearan más conjuntos, no sólo por el tema de la discapacidad, sino para tener mayor competencia”.
A su vez, Patricio aseveró que el deporte permite desarrollar habilidades como la comunicación, trabajo grupal y resiliencia, todas ellas útiles en el día a día de estos jóvenes. “Les funciona para desplazarse en el Metro, el camión o en la calle, y les permite acometer actividades recreativas en las que se forman como deportistas y personas”.
Dirigir una escuadra de estas características implica mucho más que enseñar a patear un balón o aspectos técnicos y tácticos: requiere organización y administración adecuada”
DEL AULA A LA CANCHA
Para el entrenador, “dirigir una escuadra de estas características implica mucho más que enseñar a patear un balón o aspectos técnicos y tácticos: requiere organización y administración adecuada”. Por tal motivo, su paso por la FCyA fue relevante, pues le brindó una perspectiva más amplia y herramientas para gestionar conflictos, organizaciones y personas.
Para darle estructura al proyecto, durante los últimos semestres de su licenciatura inscribió algunas materias centradas en la administración deportiva. “Este conocimiento lo aplico en el equipo, a fin de hacerlo sostenible y mantenerlo a lo largo del tiempo”.
Emiliano, por su parte, recordó que, antes de entrar al bachillerato en la UNAM le costaba socializar; sin embargo, sus habilidades comunicativas mejoraron al encontrarse con gente que compartía o disentía de sus puntos de vista. “En la Universidad hay un debate característico que no se da en otros lados y por esto le tengo mucho aprecio a esta escuela”.
Al futbolista siempre le han llamado la atención las computadoras: su construcción, los procesos que llevan a cabo, su software y hardware, y cómo, en la actualidad, los algoritmos influyen en la vida cotidiana. Por este motivo, quiere estudiar Ingeniería Computacional y está convencido de que lo aprendido en la cancha podrá trasladarlo al salón de clases. “El trabajo en equipo es de lo más importante. En la Universidad desarrollas proyectos grupales en los cuales debes aportar tus conocimientos; lo mismo ocurre en el futbol”, concluyó.
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