El 76% aún vive con su familia y 69% de quienes trabajan gana hasta un salario mínimo; pese a las dificultades, casi 8 de cada 10 quieren continuar estudiando.
Estudian, trabajan desde edades tempranas y aspiran a alcanzar una carrera profesional, pero para millones de jóvenes mexicanos la independencia económica y familiar continúa siendo una meta difícil de alcanzar. Bajos salarios, empleos inestables y falta de recursos para continuar estudiando marcan la realidad de una generación que mantiene altas expectativas sobre su futuro.
El informe “Jóvenes en México 2026”, elaborado por la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, señala que en el país existen alrededor de 32.1 millones de personas de entre 15 y 29 años, equivalentes al 23.5% de la población.
Uno de los datos que refleja con mayor claridad su situación es que 76% continúa viviendo con su familia de origen, mientras que solamente 15.3% ha salido del hogar familiar.
La situación laboral aparece como uno de los principales factores que dificultan esta emancipación. De acuerdo con el estudio, 69% de los jóvenes que trabajan percibe como máximo un salario mínimo mensual, mientras que otro 20.4% recibe hasta dos salarios mínimos.
La incorporación al mercado laboral comienza, además, a una edad promedio de 16.5 años. Actualmente, 52.4% de los jóvenes realiza alguna actividad laboral y 12.8% combina trabajo y estudios.
Trabajan, pero sin estabilidad
Conseguir empleo tampoco garantiza seguridad económica. Apenas 42.9% de los jóvenes trabajadores cuenta con un contrato permanente o por tiempo indefinido, mientras que solo 48% tiene acceso a seguridad social y servicios médicos institucionales.
Los primeros empleos se concentran principalmente en comercio, restaurantes y hoteles, actividades que agrupan al 38.5% de este sector de la población.
La movilidad laboral también es elevada: entre los 15 y 29 años, cada joven habrá pasado en promedio por 4.5 empleos diferentes, según los resultados del estudio.
Quieren estudiar, pero el dinero se convierte en una barrera
Pese a las dificultades económicas, la educación conserva un alto valor entre las nuevas generaciones. El 79.7% manifiesta que quiere continuar estudiando y más de la mitad, 51.4%, tiene como objetivo completar una licenciatura; otro 19% aspira a realizar estudios de posgrado.
Sin embargo, las condiciones económicas obligan a muchos a detener su formación.
El 27.6% ha interrumpido sus estudios durante seis meses o más. Entre las principales causas aparecen la necesidad de trabajar, con 19%; la falta de dinero o recursos, con 18.9%; la pérdida de interés en los estudios, con 12%, y el embarazo o llegada de un hijo, con 7.3%.
Aun frente a estos obstáculos, el deseo de mejorar sus condiciones permanece: 29.5% de quienes quieren continuar estudiando señala como principal motivación conseguir un mejor empleo.
La familia, principal red de apoyo
Ante un escenario económico complicado, la familia se mantiene como uno de los soportes más importantes para los jóvenes mexicanos.
La relación familiar recibe una calificación promedio de 8.7 sobre 10, mientras que 52.3% identifica la unión, convivencia e integración como aquello que más valora de su hogar.
Entre quienes han conseguido independizarse, 31.4% salió de casa para casarse o vivir en pareja; 17.4% lo hizo por necesidad de trabajar; 15% por el deseo de tener independencia y 8.2% por razones escolares.
El estudio también identifica diferencias socioeconómicas: mientras entre jóvenes de mayores ingresos dejar el hogar puede estar relacionado con estudiar o buscar autonomía, en los sectores populares la salida se encuentra más vinculada con la formación de una nueva familia.
Relaciones de pareja: estabilidad, pero también control
La investigación también analiza los vínculos afectivos. El 46.2% de los jóvenes reporta encontrarse en una relación de pareja y, al hablar de lo que espera de ella, 66.4% prioriza la estabilidad, 55.3% la fidelidad y 49.7% tener a alguien con quien compartir sentimientos.
Pero junto con estas aspiraciones aparecen conductas de control que pueden constituir señales de violencia: 24.2% señala que su pareja le revisa el celular, a 13% le prohíben salir y a 10.4% le critican su manera de vestir.
Una generación con aspiraciones, pero pocas oportunidades
Los resultados dibujan a una juventud que mantiene expectativas educativas, laborales y personales, pero que enfrenta dificultades estructurales para convertirlas en independencia y estabilidad.
Más que falta de interés por estudiar o trabajar, el informe advierte una distancia entre las aspiraciones de los jóvenes y las oportunidades disponibles.
El reto, plantea el análisis, pasa por ampliar las posibilidades de acceso a empleos formales y mejor remunerados, educación, seguridad social y vivienda, condiciones que podrían permitir que millones de jóvenes conviertan sus expectativas de desarrollo en proyectos de vida independientes.
Descubre más desde Comunicadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

