El 8 de mayo se celebra el Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en conmemoración del nacimiento de Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja. El objetivo es reconocer la encomiable labor de voluntarios y empleados que todos los días salvan vidas y cambian mentalidades.

Un día como hoy pero de 1828 nacía en Ginebra Suiza, Henry Dunant. Desde joven se dedicó a los negocios al igual que su familia; el 24 de junio de 1859 se traslada a Italia por motivos comerciales justo cuando el ejército austriaco se enfrenta con el francés y el piamontés que deja un saldo de miles de muertos y centenares de heridos que no recibían atención médica. Ayudado por las mujeres de los pueblos cercanos, se esfuerza por socorrer a los heridos sin distinción de uniforme ni de nacionalidad, viendo en ellos sólo hombres que necesitan ayuda.

Impresionado por este hecho, escribió el libro “Recuerdo de Solferino”, donde concibe la idea de crear sociedades de socorro en tiempo de paz “…cuya finalidad será cuidar de los heridos en tiempo de guerra por medio de voluntarios entusiastas y dedicados, perfectamente cualificados para el trabajo…” Sus esfuerzos ayudaron a crear la Conferencia de Ginebra (1863) y más tarde la Convención de Ginebra (1864). En 1901 compartió el primer Premio Nobel de la Paz. Después de numerosas gestiones logró, en 1864, sentar las bases de la Cruz Roja en Ginebra, Suiza, junto con los representantes de 17 países. Esta entidad de auxilio para los heridos de guerra, sin distinción de nacionalidades, adoptó en ese entonces los colores de la bandera suiza pero invertidos: una cruz roja sobre un fondo blanco.

Los días 8 y 9 de mayo fueron declarados Días del Recuerdo y la Reconciliación en Conmemoración de la Segunda Guerra Mundial por la Asamblea General de las Naciones Unidas. En estas fechas se produce la rendición incondicional de la Alemania Nazi ante las fuerzas aliadas. La Asamblea hizo hincapié en que este acontecimiento histórico estableció las condiciones que permitieron crear las Naciones Unidas para preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, y exhortó a los Estados Miembros de las Naciones Unidas a que aúnen sus esfuerzos para hacer frente a los nuevos desafíos y amenazas, asignando un papel fundamental a las Naciones Unidas, y a que hagan todo lo posible para resolver las controversias por medios pacíficos, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y sin poner en peligro la paz y la seguridad internacionales.

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