jueves, junio 20, 2024
Día Nacional del Charro

El charro y la charrería como elementos de la identidad nacional.

No hay duda, de que si hay alguna imagen que durante mucho tiempo   –en especial desde la tercera década del siglo XX– ha representado a la mexicanidad de manera frecuente, ha sido la figura del charro.

Pero, ¿cómo fue que la palabra “charro” cruzó el Atlántico y en nuestro país se le dieron nuevos significados, hasta llegar a convertirse en el estandarte de la identidad nacional? Aquí te dejamos algunas pistas para entender este proceso.

Originalmente la palabra era usada en España y hacía referencia a los jinetes de la región de Salamanca, que utilizaban garrochas para controlar al ganado vacuno.

A su llegada a nuestro país, se le asignarían diversas connotaciones, entre ellas, la relacionada con dos especies marinas: el decapterus hypodus  y el trachurus lathami; también conocidos por los pescadores y consumidores como pez charro o charrito. Se considera que se le dio este nombre por su vientre plateado, haciendo referencia a los botones de plata que adornan al chaleco y chaqueta que componen el traje de charro.

De igual forma, en el lenguaje coloquial la palabra ¡charro! o ¡charros!, adquiere otra significación como es “sorpresa  o irritación”; así como la más socorrida y conocida entre nosotros que indica ¡cuidado! o ¡atención!

Ya en el Diccionario del español usual en México –que presenta con precisión rigor y originalidad, los usos, significados, giros coloquiales y populares que los mexicanos le dan a una amplia lista de vocablos– se incluye la palabra charro, cuya definición indica: Persona dedicada a la cría de ganado siguiendo las tradiciones campiranas mexicanas; diestro en el manejo del lazo y en la doma de caballos; se caracteriza por vestir un traje compuesto por un pantalón ajustado, que tiene botonadura de plata a los costados; camisa blanca, corbata de lazo, chaleco y chaqueta corta. Usa un sombrero de copa alta y ala ancha, levantada por el frente.

Para José María Murià –integrante de la Academia Mexicana de la Lengua– la definición de dicho diccionario, no acaba de dejar del todo claro el importante papel de los charros alteños de Jalisco que, desde el siglo XVI, le dieron incluso forma al atuendo y marcaron el uso de ciertos utensilios.

Más allá del cliché, afianzado sobre todo por el cine y la música de nuestro país, la Dra. Cristina Palomar Verea –quien ha realizado importantes investigaciones  sobre el tema– nos dice que el charro “debe ser visto como un personaje que representa mucho más que un mero estereotipo de folclor regional”, ya que abarca, dimensiones históricas, económicas y sociales; entre las que se incluyen las actividades agro-ganaderas desarrolladas desde el siglo XVI, en la región del occidente de México.

Se considera que como consecuencia del reparto agrario, los grandes hacendados tuvieron que dejar sus latifundios para trasladarse a las grandes ciudades, y que en el afán de mantener su identidad  fomentaron que las tradicionales faenas del campo fueran elevadas al rango de deporte, en lo que hoy conocemos como las charreadas.

La Dra. Palomar Vera sostiene que la figura charra se afianzó como símbolo nacional a principios del siglo XX, cuando el pueblo mexicano pudo ser imaginado desde el mito del mestizaje: un personaje étnico nuevo que funcionó como puente entre los criollos, españoles e indígenas. Un personaje enteramente mexicano, un “charro”.

Así, este personaje –y en particular su estereotipo impulsado por la industria del cine nacional– sirvió de vínculo entre el México post-revolucionario y un discurso basado en el nacionalismo, la unidad y la búsqueda de identidades propias. De esta forma, el charro fue útil para el proceso de producción de la imagen del estado nacional mexicano.

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