«…la conciencia no es más que la suma de la ciencia» Enjolras
Por Rubén Islas
Mi estado de perseguido político de la presidenta del Instituto Electoral del Estado de México, Amalia Pulido Gómez, no sólo está vinculado a la violación infame de mi derecho a la libertad de expresión, sino también al imperio de la ignorancia en que nos ha metido el neoliberalismo tecnocrático.
En el panorama actual de las instituciones públicas, es común encontrar a técnicos y profesionales con destacables credenciales académicas (especializaciones, maestrías y doctorados). Sin embargo, a pesar de sus “logros académicos”, se percibe la enorme carencia de la sabiduría necesaria para dirigir y tomar decisiones de manera eficaz, sensata e inteligente.
Carecen del conocimiento enciclopédico integral que abarca diversas áreas del saber, necesario para la comprensión de la realidad: la ignorancia es la regla. El origen está en la noción neoliberal que privilegia las técnicas de gestión aplicadas a la administración pública, copiadas de la administración gerencial privada. Las universidades preparan empleadas y empleados, no intelectuales. Se trata de doctorados sin doctores. La carencia de aportes significativos en las tesis doctorales es totalmente grosera, la simulación en pleno cuyo único propósito es cuantificar la producción de especialistas para el beneplácito de las estadísticas.
Los programas de doctorado no están produciendo doctores con aportes significativos al conocimiento pues los programas en que aprendieron se centran en la obtención de un título más que en el desarrollo de habilidades críticas y la generación de investigación innovadora. Esta situación refleja una crisis en la educación superior, donde se premia la cantidad sobre la calidad y se descuida el fomento de una verdadera sabiduría y capacidad crítica.
El modelo de investigación social actual tiende a privilegiar las citas a las ideas previas, lo que ha generado un estancamiento del conocimiento, particularmente en el área política y social. En lugar de fomentar nuevas ideas y perspectivas, se enfatiza en la reiteración de conceptos ya establecidos. Esto no solo limita la innovación, sino que también perpetua un ciclo de conocimiento que no se adapta a las necesidades y desafíos contemporáneos. Resultado, especialistas superfluos y sin el menor sentido del conocimiento e ignorantes de la cultura.
Es vital establecer una distinción entre el conocimiento académico y la sabiduría. El primero se refiere a la información teórica y científica adquirida a través de estudios formales, mientras que la sabiduría consiste en la capacidad de aplicar ese conocimiento de manera práctica y juiciosa, considerando el contexto y las consecuencias a largo plazo. La eliminación del enciclopedismo en el sistema educativo ha contribuido a esta carencia de sabiduría práctica, limitando la capacidad de los técnicos para abordar problemas complejos desde una perspectiva holística.
Muchas técnicas y técnicos en las instituciones públicas, como es el caso de quien preside el Instituto Electoral del Estado de México, llegan a sus posiciones después de años de formación académica tecnocrática. Una formación que carece de un encuentro con la realidad social y con ausencia de la experiencia necesaria para enfrentar los desafíos cotidianos de la política y la administración pública.
La sabiduría, y en particular la sabiduría política, a diferencia del conocimiento académico, se cultiva a través de la experiencia, la reflexión y el aprendizaje de los errores. La falta de un conocimiento enciclopédico limita aún más esta capacidad. Pero qué le vamos a hacer, aquí sólo hay burócratas (mujeres y hombres) que no saben otra cosa que lo que les mandan sus apuntes de asignatura.
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