Greenpeace México reportó contaminantes en 17 pozos y cenotes, incluidos nitratos, bacterias fecales y exceso de materia orgánica; pide a la Semarnat reforzar la vigilancia ambiental.
Comunidades mayas y Greenpeace México exigieron acciones urgentes para atender la contaminación del agua en la península de Yucatán, donde los resultados de análisis recientes evidencian afectaciones en pozos y cenotes, así como riesgos para el acuífero maya y la salud de la población.
En un estudio realizado en agosto de 2026, Greenpeace México, en colaboración con comunidades afectadas y un laboratorio independiente certificado, analizó muestras de agua de 17 sitios de la región, entre ellos pozos domésticos y agrícolas, puntos de abastecimiento comunitario y cenotes de localidades como Kinchil, Sitilpech, Motul, San Antonio Tetzitz, Chocholá y Molas.
Los resultados identificaron contaminación por materia orgánica, bacterias dañinas, exceso de nutrientes e indicadores fecales de origen porcino. También se detectaron nitratos en distintos puntos, con concentraciones que superaron el límite de 50 miligramos por litro establecido por la Organización Mundial de la Salud para el agua potable en dos muestras, correspondientes a Chocholá y Motul 2.
El análisis también encontró concentraciones elevadas de demanda química de oxígeno, fósforo y sólidos suspendidos, además de sitios con presencia crítica de bacterias fecales, como enterococos. De acuerdo con Greenpeace, estos indicadores muestran una importante carga de contaminantes en puntos específicos de la región.
La organización advirtió que la situación es especialmente preocupante debido a las características del suelo kárstico de la península, cuya porosidad facilita la filtración de contaminantes hacia las aguas subterráneas. Este acuífero abastece a millones de personas y constituye una reserva de agua dulce fundamental para las comunidades y los ecosistemas de la zona.
Greenpeace señaló que la expansión inmobiliaria y de las actividades agroindustriales, particularmente la producción porcícola intensiva, contribuye a incrementar la presión ambiental sobre el territorio. Asimismo, indicó que aproximadamente 30 por ciento de la población local depende del agua potable extraída directamente de pozos y manantiales vulnerables.
Por su parte, la Red en Defensa del Agua y el Territorio Maya To’oné Ja’o’on sostuvo que, a un año de la denuncia popular presentada ante autoridades federales, persisten pendientes en la atención de la contaminación y en la protección de las comunidades mayas, sus territorios y sus fuentes de abastecimiento.
La organización ambiental también alertó sobre un deterioro prolongado de la calidad del agua durante la última década. No obstante, precisó que los resultados disponibles no permiten determinar por sí solos qué tan cerca se encuentra el Gran Acuífero Maya de alcanzar umbrales ecológicos irreversibles, por lo que consideró necesario actuar de manera preventiva.
Ante este panorama, Greenpeace México pidió a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) fortalecer la protección ambiental de la península, hacer cumplir la legislación vigente y establecer límites claros a las actividades industriales que ponen en riesgo los ríos subterráneos, los cenotes y el derecho de las comunidades a un ambiente sano.
La organización también afirmó que más de 90 por ciento de las megagranjas porcícolas de la región operarían sin el manifiesto de impacto ambiental requerido, y señaló presuntos incumplimientos de permisos e invasiones de áreas naturales protegidas.
Finalmente, Greenpeace y las comunidades mayas insistieron en la necesidad de garantizar información pública, investigaciones rigurosas, vigilancia ambiental efectiva y medidas para detener la contaminación y reparar los daños. Advirtieron que proteger el acuífero es indispensable para preservar la salud, la biodiversidad y el futuro de los pueblos de Yucatán.
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