Las mujeres dedican 41.8 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados, más del doble que los hombres. El organismo analiza cómo esta distribución influye en la autonomía reproductiva y los proyectos de vida.
La posibilidad de gestar suele asociarse con la expectativa de convertirse en madre y asumir las responsabilidades del hogar y el cuidado de otras personas. Sin embargo, esta distribución desigual puede limitar las oportunidades de las mujeres para estudiar, trabajar, descansar y desarrollar sus propios proyectos.
En su publicación Avalancha de cuidados: lo invisible de nuestras decisiones reproductivas, el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) examina la relación entre las tareas de cuidado y la libertad de decidir sobre la maternidad.
Estas labores incluyen actividades como preparar alimentos, limpiar, atender a niñas y niños, acompañar a personas mayores y brindar apoyo a familiares que requieren asistencia. Aunque muchas no reciben remuneración, son indispensables para el funcionamiento de los hogares y la economía.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres dedican 41.8 horas semanales a actividades domésticas y de cuidados, frente a las 20.2 horas que destinan los hombres.
Además, el trabajo del hogar no remunerado representó 26.3 % del producto interno bruto (PIB) de México en 2024. De ese valor económico, las mujeres aportaron 71.2 %, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Estas cifras muestran la importancia económica de las tareas que se realizan en los hogares y la desigual distribución del tiempo que requieren.
La incorporación de las mujeres al mercado laboral no necesariamente significa que disminuyan sus responsabilidades domésticas. Muchas combinan el empleo remunerado con la crianza, la limpieza y la organización cotidiana del hogar.
A ello se suma la carga mental de planear actividades, recordar citas médicas, organizar horarios y anticipar las necesidades de otros integrantes de la familia. Estas responsabilidades pueden reducir el tiempo disponible para el descanso, la formación profesional y la autonomía económica.
La autonomía reproductiva implica que cada persona pueda decidir libremente si desea tener hijos, cuándo hacerlo y cuántos tener, sin presiones sociales, familiares o culturales.
Sin embargo, esta libertad también depende de las condiciones disponibles para ejercerla. La falta de servicios de cuidado, las dificultades para conciliar el empleo con la vida familiar y la distribución desigual de las tareas pueden influir en las decisiones reproductivas y en las oportunidades de las mujeres.
Por ello, el cuidado debe entenderse como una responsabilidad compartida, que incluye tanto el derecho a cuidar como el de recibir cuidados y disponer de tiempo para atender las propias necesidades.
Entre las medidas que contribuyen a distribuir estas responsabilidades se encuentran las estancias infantiles accesibles, los servicios de salud, los apoyos para personas cuidadoras y las condiciones laborales que permitan combinar el empleo con la vida familiar.
También son importantes el acceso a información y servicios de salud sexual y reproductiva, así como las licencias remuneradas de maternidad y paternidad.
El análisis pone sobre la mesa la necesidad de reconocer que la capacidad de gestar no debe convertirse en una obligación de maternar ni en una responsabilidad exclusiva de cuidar.
Lee el documento completo aquí:
Consultar el informe de GIRE en PDF
Fuentes: Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), “Avalancha de cuidados: lo invisible de nuestras decisiones reproductivas”; INEGI, Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 y Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México 2024.
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