António Guterres llamó a gobiernos, sociedad civil y empresas tecnológicas a frenar narrativas que alimentan la división y la violencia.
El discurso de odio representa una amenaza creciente para la paz y la seguridad, al alimentar la división, la violencia y, en sus expresiones más graves, crímenes como el genocidio, advirtió la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Durante una conferencia mundial sobre diálogo interreligioso e intercultural y lucha contra los discursos de odio, el Secretario General de la ONU, António Guterres, señaló que estas expresiones están adoptando nuevas formas y vías de propagación, particularmente a través de plataformas digitales, algoritmos e inteligencia artificial.
Guterres sostuvo que el discurso de odio erosiona la confianza, divide a las comunidades y puede contribuir a la deshumanización de grupos enteros. Entre las expresiones señaladas se encuentran el racismo, la misoginia, la xenofobia, el antisemitismo, la islamofobia y otras formas de discriminación contra minorías religiosas y étnicas.
Ante este escenario, llamó a atender tanto las causas que alimentan el odio como sus consecuencias, mediante el diálogo entre naciones, culturas y religiones, así como la participación de gobiernos, sociedad civil, comunidades religiosas, universidades y empresas tecnológicas.
También destacó la importancia de involucrar a mujeres, jóvenes, líderes comunitarios, pueblos indígenas y grupos minoritarios, debido a su conocimiento de las realidades locales y su capacidad para contribuir a transformar narrativas y prevenir conflictos.
La ONU planteó además fortalecer la educación, apoyar a las personas afectadas por abusos y promover mayores compromisos de los gobiernos y responsabilidad por parte de las empresas tecnológicas.
Sin embargo, Guterres subrayó que las medidas contra la incitación al odio deben mantener la protección de la libertad de expresión.
“Luchar contra la incitación al odio no significa apagar la libertad de expresión”, afirmó.
Finalmente, el Secretario General sostuvo que la responsabilidad de enfrentar este fenómeno corresponde a distintos sectores de la sociedad y llamó a evitar una actitud pasiva frente a estas expresiones.
“Todos tenemos un papel que jugar. Ningún espectador”, concluyó.
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