martes, diciembre 7, 2021
Atender las necesidades socioemocionales, una prioridad en tiempos de pandemia.

Durante la pandemia hemos aprendido que es necesario desarrollar y fortalecer las habilidades socioemocionales, principalmente las que se refieren a la adaptabilidad, empatía, manejo del estrés, autorregulación y la tolerancia a la frustración.

Laura Águila Franco                                                                   

@laura_aguila

A lo largo de 19 meses que hemos cursado de pandemia por Covid-19 y el consabido aislamiento que tuvo como consecuencia el cierre de escuelas y centros de trabajo, ha dejado ver el lado oscuro que esto ha representado principalmente para las niñas, niños y adolescentes, poniendo en riesgo la salud mental así como el desarrollo socioemocional y cognitivo. Durante la pandemia hemos aprendido que es necesario desarrollar y fortalecer las habilidades socioemocionales, principalmente las que se refieren a la adaptabilidad, empatía, manejo del estrés, autorregulación y la tolerancia a la frustración, si bien es cierto que estas habilidades generalmente se han considerado esenciales, los abruptos cambios a los que hemos tenido que adaptarnos por la emergencia sanitaria, apremian a reforzarlas para ayudar a niñas, niños, adolescentes y personas en general, a ser más resilientes y adaptables.

A este respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo se refiere a las habilidades socioemocionales como aquellas “asociadas con características personales, actitudes, creencias, rasgos de la personalidad y el comportamiento de los individuos”, así mismo  la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) las define como “patrones congruentes de pensamientos, sentimientos y comportamientos [que pueden] desarrollarse mediante experiencias de aprendizaje formales e informales, y ser factores impulsores importantes de los resultados socioeconómicos a lo largo de la vida de la persona”.

Lo cierto es que aprender a lidiar con sentimientos de aislamiento, frustración, aburrimiento, ansiedad y estrés durante estos ya 574 días de pandemia, han generado en la población respuestas de desesperanza, enojo y cuadros depresivos. Con base en un estudio realizado por UNICEF en 2020, la irrupción de la pandemia ha puesto aún más en evidencia la necesidad de expandir y mejorar el abordaje del aprendizaje socioemocional desde varios ámbitos, en particular desde el sistema educativo. La importancia y urgencia radica en que la capacidad de regulación de las emociones en las personas tiene una relación directa con el desempeño educativo y laboral, así como en la participación ciudadana y el nivel de satisfacción de vida.

En el caso de los niños, niñas y adolescentes es imperioso contar con mediciones escalares reales, que en conjunto con la evaluación de desempeño académico en este retorno a clases, permitan contar con información veraz y efectiva para diseñar acciones pertinentes que permitan atender las necesidades emocionales que sean reflejadas. Por supuesto que esto va de la mano con la salud emocional de los docentes, ya que precisamente serán ellos quienes absorberán la responsabilidad de auxiliar a sus estudiantes. Brindar soporte a maestros y maestras, además de capacitación y acciones de acompañamiento para encarar y resolver estas situaciones, se han vuelto piezas clave en la gestión escolar, como pilares importantes en la recuperación dentro de las comunidades escolares, construyendo entornos más resilientes, que permitan construir lazos de cuidado común fuertes, que permitan  afrontar los desafíos presentes y futuros de la mejor manera.

Es conveniente que las instituciones educativas orienten su trabajo hacia el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales a la par o de manera simultánea con el trabajo académico, tener presente que el requerimiento de apoyo emocional derivado de la contingencia por Covid-19, se exterioriza en necesidades individuales, que son las surgidas por pérdida de seres queridos o cercanos, por hospitalizaciones o bien haber enfrentado la enfermedad de manera propia o en alguien cercano, angustia, ansiedad, sentimientos de aislamiento y soledad, incertidumbre  por pérdida de empleo, etc. Las necesidades colectivas, generadas por el propio contexto de la pandemia, como el incremento de la violencia física, y psicológica en los hogares, las consecuencias en la salud por la exposición excesiva a dispositivos electrónicos, ya sea para tomar clases, o para trabajar desde casa, la carencia de actividad física, la pérdida de vínculos de amistad y compañeros de estudio/trabajo. Necesidades previamente existentes y agudizadas por la pandemia, como las brechas socioeconómicas, digitales, la inequidad en los procesos de enseñanza, desigualdad social, falta de equidad de género, etc.

Por lo tanto, atañe directamente a las autoridades escolares como a los equipos directivos, liderar la generación de estrategias institucionales de soporte socioemocional, atendiendo igualmente la salud mental y el apoyo psicosocial tanto del personal docente, administrativo, las y los estudiantes, y considerar también a los padres de familia para alcanzar logros significativos.

En el liderazgo responde también a la necesidad de identificar qué soportes y recursos se requieren para dar una atención de calidad, pues a lo largo de 19 meses, las comunidades educativas han aprendido a descubrir el valor e importancia de desarrollar habilidades más allá de las cognitivas para enfrentar tiempos de crisis: adaptación, colaboración, creatividad, empatía, respeto, autorregulación, asertividad, perseverancia, colaboración, optimismo, negociación. Por su parte, las familias también se vieron en la necesidad de adecuar sus rutinas cotidianas, para poder cubrir las nuevas necesidades de aprendizaje de sus hijos e hijas, y las laborales de ellos mismos, lidiando a la vez con las brechas tecnológicas y el capital cultural para lograr una verdadera adaptación a la realidad.

La emergencia sanitaria trajo el confinamiento, y estas condiciones nos enseñaron y dejaron muy en claro que “nadie aprende solo”, que los procesos de aprendizaje se benefician en la colectividad, entre pares, que para los y las docentes iniciar y mantener la motivación de los estudiantes ha sido un permanente desafío. Que para los propios estudiantes ha sido complejo entender y asimilar por qué ha tenido que desarrollar nuevas formas de aprender, de mantener la concentración y la atención a través de una pantalla, y luego, regresar a un ambiente escolar que ya no es el mismo, en donde la distancia física limita la interacción social.

Las habilidades socioemocionales definitivamente abonan a la mejora de los aprendizajes, y actualmente son consideradas imprescindibles para toda experiencia educativa, puesto que como lo señala la OCDE “las habilidades socioemocionales aumentan las habilidades cognitivas, existiendo una interacción positiva entre ellas: las habilidades generan habilidades”.

En el ámbito educativo, es ineludible considerar seriamente lo que UNICEF señala puntualmente “en este contexto se evidencia que la salud socioemocional es requisito para aprender, y que esta se construye de manera colectiva (UNICEF, 2020)”, principalmente ahora que la autoridad educativa ha señalado que el próximo mes de noviembre todos las y los estudiantes de los diferentes niveles educativos, regresarán a clases presenciales.

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